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Las vacaciones finalmente habían comenzado. Me encontraba en mi habitación, terminando de organizar los últimos detalles para el viaje a la playa que tanto habíamos planeado. El ambiente se sentía ligero, aunque mi mente no dejaba de dar vueltas.

​—¿Debería llevar las cañas de pescar? —pregunté, arqueando una ceja mientras miraba la pantalla de mi ordenador. Estaba en medio de una videollamada con TaeHyung.

​—A mí no me gusta la pesca, pero podrías ir con SoRa —respondió él con un tono sugerente—. A ella le encantará el plan, aunque solo sea por el hecho de estar a tu lado.

​Solté un suspiro y negué con la cabeza al escuchar su risita de fondo. Terminé de cerrar la maleta, asegurando los cierres con un clic definitivo, y me senté frente a la cámara con una expresión seria.

​—Tae, no estoy seguro de esto —admití, mordiéndome el labio con nerviosismo—. SoRa siempre ha sido como una hermana para nosotros. Me resulta extrañamente difícil empezar a verla como una chica a la que podría amar.

​—No seas idiota, JungKook, ni siquiera lo has intentado —bufó él, recuperando la seriedad—. Además, no te estoy presionando para que salgas con ella. Solo te digo que la tomes en serio y que le des la oportunidad de confesarte lo que siente. La vida da muchas vueltas; nunca se sabe qué puede pasar en unos días bajo el sol.

​Me quedé en silencio, meditando sus palabras. Tenía razón, pero el miedo me ganaba la partida: temía que, al darle una oportunidad, terminara alimentando esperanzas falsas que luego la lastimaran. Yo sabía perfectamente cuánto dolía un corazón roto y no quería ser el autor de ese daño en ella.

​Aquella noche me acosté temprano, dejando que el sueño disipara mis dudas hasta la mañana siguiente. Me desperté con el sol, tomé una ducha rápida y bajé con mis maletas para despedirme de mi madre. Caminé unos minutos hacia la parada del autobús y, justo cuando estaba por llegar, escuché su voz llamándome a la distancia.

​—¡JungKook Oppa!

​No pude evitar sonreír al escucharla. Al llegar a su lado, la saludé con un gesto cariñoso.

​—¿Por qué me sigues llamando así, pequeña SoRa?

​Ella soltó una risita juguetona y se enganchó de mi brazo con total naturalidad para caminar hacia donde TaeHyung nos esperaba.

​—Por fin llegaste, el bus está a punto de salir —dijo Tae al vernos.

​Asentí y fijé la mirada en la calle. Por alguna razón, me sentía inusualmente nervioso a su lado. ¿Sería porque ahora conocía sus sentimientos? No estaba seguro, pero esperaba que esa sensación asfixiante se calmara con el paso de las horas.

​Cuando el autobús llegó, subimos los tres y nos acomodamos en nuestros asientos. Tae se sentó en la fila de adelante, mientras que SoRa y yo compartimos el asiento de atrás. La observé sacar sus auriculares y sonreí al recordar lo mucho que le apasionaba la música, igual que a mí. Sin decir nada, me extendió uno de los audífonos y presionó "play". Enseguida reconocí los primeros acordes de Sunflower de Post Malone ft. Swae Lee.

​—Me gusta mucho esta canción —comenté, rompiendo el silencio del viaje.

​Ella me miró de soslayo y sonrió con una dulzura que me descolocó.

​—Lo sé —respondió con suavidad—. Conozco todas las canciones que te gustan. A decir verdad, JungKook, conozco prácticamente todos tus gustos.

Remedy; jjkDonde viven las historias. Descúbrelo ahora