Joaco abrio la cámara frontal y yo estaba con la hamburguesa en la mano.
—Siempre salís comiendo, Sofía— dijo apuntándonos con el celular.
—Porque siempre tengo hambre— respondí sin culpa.
Apoyé la cabeza en su hombro para la foto. Él sonrió sin darse cuenta.
—¿La subiste?— pregunté de reojo, sin despegarme.
—Sí— respondió relajado, guardando el celular como si nada.
—¿A historia?— insistí frunciendo un poco el ceño.
—Sí— apoyo la espalda en la silla —tampoco es nada raro—
Lo miré unos segundos.
—¿Te jode de verdad?— preguntó más serio.
—No— mentí rápido, desviando la mirada.
—Ajá...— murmuró, sin insistir, pero sin bajar la historia tampoco.
Me acerqué de nuevo, bajando la voz.
—Sabías que te quiero, ¿no?— le dije apoyando el hombro contra el suyo.
—¿Qué querés ahora?— preguntó mirándome entrecerrando los ojos, ya conociéndome.
—Tu buzo—
Suspiró largo, se lo sacó y me lo tiró encima.
—Siempre lo mismo con vos— dijo resignado.
Me lo puse y enseguida me llegó su olor y me quedé un segundo quieta.
Khea apareció desde el pasillo secándose la cara con la remera y mirándonos con una ceja levantada.
—Qué onda, feos— dijo apoyándose en el marco de la puerta, mirándonos. —¿ya arreglaron la paz mundial o siguen haciéndose los boludos?—
—Seven me pidió helado— respondí rodeándole el brazo a Joaquín y apoyándome contra él.
—¿Y a mí qué?— retrucó Khea caminando hasta la mesa, agarrando una papa frita.
—Nada— dije mirándolo fijo —vos mirá y aprendé—
Joaquín negó con la cabeza, pero no se corrió.
—¿Podemos dormir los tres juntitos?— largué de golpe, mirándolos a los dos —como antes—
Joaquín se quedó quieto un segundo, tragó saliva y apoyó la espalda contra la silla.
—No sé si...— se rascó la nuca.
—Dale joa— insistí haciendo puchero. —no seas malo, no estoy para dormir sola hoy—
Khea se cruzó de brazos, observándonos como si estuviera viendo una película.
Joaquín suspiró largo y miró el techo.
—Bueno— cedió —pero sin boludeces—
—En tu pieza— dije enseguida levantándome —tenés la cama grande—
—¿Solo la cama?— dijo Seven riéndose con khea.
—Bueno igual, cambiemos las sábanas— aclaré.
—Sí— agregó khea mirándolo a Joaquín con media sonrisa —nadie sabe qué cochinadas hiciste ahí—
—No hicimos nada— se defendió riéndose, agarrando la billetera —dejame bajar a buscar el helado—
Joaquín volvió con las bolsas y subimos los tres.
El cuarto estaba medio desordenado. Joaquín tiró las llaves sobre la cómoda y abrió el helado.
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𝒂𝒎𝒂𝒓𝒏𝒐𝒔; 𝒔𝒆𝒗𝒆𝒏 𝒌𝒂𝒚𝒏𝒆
Novela JuvenilSofía y Joaquín se conocen desde chicos, se animaran a -amarse- como más que amigos? Leela, esta re piola🔥
