A una iglesia en las montañas

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Vagando en el sendero de la vida
me encontré, en una marchita montaña
cualquiera, sobre la espesa maraña
del olvido, la iglesia entristecida.

Si solo supieras con el tesón
que Él, desde el pasado negro infinito,
y desde nuestro paraïso bendito,
sostuvo mi cansado corazón,

aclararía enseguida la noche
oscura de tu alma. Aún en esa dura
Iglesia la divinidad perdura.

¿Porqué crees que en tu eternidad
entonces no cabría la salvación
que anhelas hace incontables estrellas?

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