Mí Buenos Aires querido

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La noche es ideal: ni una sombra enturbia el firmamento. Las luciérnagas reflejan sus brillos en el agua, y algunas se reposan en los arbustos. A lo lejos escucho el sonido de una jerga que ya es habitual. Amo eso de Buenos Aires: sus facetas, la gente, lo que representa.
Observo una pareja bajar una escalinata apenas iluminada. Se besan. La chica se separa del galán y sonríe. Me acerco con tranquilidad. Recuerdo los barrios de antaño, tiempos en los que no tenía responsabilidades; y a mis amigos, los añorados.
En la llovizna besando mi rostro siento el tango que escuchaba de chico. El bandoneón me embelezaba con sus notas. Río con amargura, acortando la distancia. Y ahí, en mi Buenos Aires, saqué el cuchillo. Primero fue el hombre. Su rostro trocó en sorpresa. Se tomó la herida y el rojo espanto tiñó las ropas. La mujer, corazón temeroso, intentó huir. El cuchillo bailó sobre su garganta.
Ah, cómo me gusta mi Buenos Aires.

Compendio del entendimiento humanoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora