TALIANA.

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1 de abril...

Volví cansada del colegio, subí la habitación, me encerré como la chica antisocial que era y me recosté sobre la cama con las piernas estiradas y los pies cruzados. Mi gato, Pirry, se echó a mi lado estirando sus negras y peludas patas delanteras, sus grandes ojos amarillos me observaban detenidamente mientras soltaba un pequeño ronroneo, se acercó y se restregó en mi costado izquierdo, me estremecí al sentir el roce de su pelaje contra mi abdomen desnudo, ya que la blusa se había subido un poco.

Un fuerte sueño invasor me hundió en una siesta como una gran ola.

Un reloj, un reloj digital negro que marcaba las 3:47 a.m. Un terrible grito, uno bastante desgarrador que retumbó en mi cabeza con un gran eco. En mi sueño también se veía la puerta de entrada de mi casa y el portillo asegurado y luego, una lápida. El desgarrador grito de nuevo y un fuerte viento que hizo volará la puerta, la lápida, el reloj y alejó el aterrador sonido.

Desperté muy asustada, habían pasado tres reconfortantes horas de sueño, eran las 5:47 p.m. Bajé y me encontré con mi madre sentada en el sillón leyendo una revista de chismes.

- ¡Al fin despertaste! - Dijo mi madre bajando la revista para poder verme mejor.

- Sí, regresé muy cansada, es todo... - Sonreí mientras me dirigía a la cocina y abría la nevera.

Agarré unos productos para prepararme un sándwich.

- ¿Que tal la escuela?

- Bien, igual que siempre. - Alcé los hombros.

- Te noto un poco extraña... ¿Que sucede? - El extraño sueño me había dejado algo pensativa.

- Nada, solo un estúpido sueño que tuve... - Le sonreí y seguí preparando mi merienda.

- ¿De qué trataba? - Me miró curiosa mientras dejaba a un lado la revista.

- Ni yo lo entendí. - Reímos.

El resto del día transcurrido normal, al día siguiente no había clase, así que nos quedamos mi madre y yo viendo películas toda la noche. Eran las dos de la mañana cuando decidimos irnos a descansar.

Me quedé arreglando la sala mientras mi madre preparaba algo para las dos en la cocina. Me senté en el sofá cansada y sin darme cuenta caí en el mundo de los sueños.

De nuevo un reloj, un grito y lápidas. Los lamentos sonaban como un cántico, uno alto y muy misterioso que casi rompía los oídos.

Un grito aún más alto que los demás hizo que despertase sudando.

Entonces lo escuché, el grito, tan nítido y fuerte como los del sueño, un rayo cayó en los altos del bosque haciendo un fuerte estruendo. Me levanté temblando del sofá, todo estaba oscuro, seguramente mi madre se había ido a dormir y al verme en el sofá descansando decidió no incomodar mi sueño.

Tres fuertes golpes se hicieron sonar por toda la casa, provenían de la puerta. La curiosidad comenzó a azotar cada rincón de mi mente y me sentí en la obligación de abrir.

Pirry bajó maullando desesperado, entonces noté que bastantes perros estaban aullando y ladrando en la calle. Los tres golpes volvieron a oírse.

Me acerqué y abrí.

Una mujer, bastante fea con el cabello a los costados, los ojos negros y llenos de ira y una bata rasgada y ensangrentada. Me miró de arriba a abajo y señaló algo detrás de mi, me giré y vi el reloj marcando las 3:47 a.m. Me extrañé al ver aquella hora, entonces recordé el sueño y las lápidas. Miré rápidamente a la extraña mujer, ella abrió la boca soltando un grito que me aturdió e hizo que cayera de rodillas.

Unas manos grandes, feas, con uñas largas, partidas, con los dedos torcidos, destrozados y muchas cicatrices. Me agarraron el rostro clavando las uñas en mis pómulos y ojos hasta que ya no pude ver nada, el dolor se repartía como corriente por todo mi cuerpo, sentía como la sangre recorría mi piel y luego un fuerte dolor interno, en el corazón, un dolor que superaba cualquier dolor sentido por alguien.

Mi boca se abrió sin explicación y lo único que sentí fue como me pasaba del pecho a la garganta algo bastante grande que aún latía... Y luego, nada.

¡No abras!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora