PISOTEANDO LA LEY.

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Me tiré en la cama decepcionada, el cementerio era el único lugar donde obtenía inspiración, comodidad y tranquilidad. Allí me habían sucedido cosas, había escuchado lamentos, susurros y pasos... Pero jamás lo habían cerrado por esos extraños eventos.

Me dormí temprano, ni siquiera había cenado, pero tampoco tenía ganas. El día siguiente transcurrió aburrido y silencioso, más de lo que imaginaba. Me senté varias horas frente a un cuaderno y un lápiz intentando hacer un buen dibujo, pero las obras siempre terminaban destrozadas, rotas de tanto borrar.

Tras pensarlo varias horas decidí saltarme la imponente entrada del cementerio y sentarme a dibujar un rato corto.

Me vestí, acomodé mi maleta y salí a caminar hasta el cementerio, al llegar, busqué un pequeño sitio cerca de la reja donde nadie me viera, me solté de las correas de la maleta y lancé está última sobre la metálica barrera. La maleta cayó al otro lado haciendo que algunas hojas secas se levantaran.

Me agarré de una barra vertical, subí mi pie en otra barra horizontal que atravesaba las verticales y comencé a trepar. Fue fácil mantenerme aferrada ya que las barras estaban un poco sucias y brotadas por el calor y la humedad.

Al llegar a la cima mi pie resbaló y caí sobre maleta, miré para todos los lados alarmada preparada para el sermón de la vigilante, pero tras esperar tres minutos mientras me recuperaba llegué a la conclusión de que no vendría. Me levanté y caminé por entre las tumbas, encendí la linterna y me senté bajo el árbol.

El viento empezó a soplar muy fuerte y dos hojas se fueron con él. El árbol se mecía por el fuerte viento, al ver aquello, me senté sobre las hojas de papel y la maleta mientras me tapaba el rostro con los brazos para que el polvo no entrara en mis los ojos.

El terrible viento duró varios minutos, hasta que por fin cesó, bajé los brazos y alcé la mirada. Todo era gris gracias a la densa nube de polvo que había ante mí. A lo lejos divisé una sombra, que se movía de manera extraña, cada vez haciéndose aún más grande. Entonces vi que tenía forma humanoide, que no era una sombra, sino una masa bastante oscura y que se estaba acercando a mí.

Al principio pensé que era la vigilante, pero al escuchar unos terribles lamentos y gritos supe que lo que fuera eso, no era humano. Sentí un fuerte ardor en la garganta cuando intenté gritar, mientras la cosa se acercaba retorciéndose. Recogí todo lo que había en el piso y salí a correr hacia la reja. La trepé, salté de ella y me fui corriendo a casa, exhausta me detuve en una calle y miré hacia atrás, allí, unos metros lejos, estaba la horrible sombra, acercándose cada vez más. Eché carrera, entré a mi casa y asustada comencé a buscar en las alacenas sal, la cual regué en la puerta y en las ventanas para evitar que el espíritu entrara, esto lo había leído en un libro paranormal que tenía mi padre.

Me lancé en el sillón mareada, tiré la maleta sobre la pequeña mesita y me desmayé.

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