Capítulo IV

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Los insistentes toques a la puerta lo sacaron de sus pensamientos. ¿A quien se le ocurría tocar de esa manera? —pensó mientras abría.

—Hola Terry

—¡Albert! —lo saludó con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Vaya! Al parecer tuviste una buena noche.

—Digamos que si —respondió el castaño —y tu, ¿Que haces aquí tan temprano? Creí que estarías en el comedor con tu Tío, como cada mañana lo haces.

—No —se encogió de hombros —mi Tío tenía asuntos que resolver.

—Por cierto, ¿por que no me mencionaste que la hija del jefe de tu Tío viajaba con ustedes?

—¿Te refieres a la señorita Candy?

—Si, ella —respondió Terry fingiendo desinterés.

—¿Como sabes de ella? —Albert entrecerró sus ojos azules.

—La conocí anoche por casualidad —Terry se encogió de hombros —me confundió con alguien más.

—¡Ah si! —¿Te dijo con quien?

—No directamente, pero mientras me alejaba, alcance a escuchar que le decía a tu Tío que me había confundido con un tal Anthony, ¿puedes creerlo? —rió.

—¿Con el joven Anthony? —la voz de Albert era de clara sorpresa —miró a Terry detenidamente. ¿En que estaba pensado Candy para confundir a Terry con Anthony, ambos son tan diferentes? —se dijo el rubio para si.

—¿Le conoces? —interrogó el castaño.

—Tanto como conocerlo no, pero lo he visto un par de veces —respondió el rubio recuperándose de la impresión. —de echo él también está abordo junto a dos primos cercanos y a otros dos miembros de su familia.

—¿Por que no me lo dijiste?

—Porque no me lo preguntaste y tampoco creí que tuviera alguna relevancia —Albert se encogió de hombros.

—Es toda una fieresilla  —musitó Terry después de un prolongado silencio.

—¿Te refieres a la señorita Candy?

—Si, a ella —respondió el joven castaño.

—Es extraño que digas eso, a mi me parece que es joven simpática y muy amable —respondió Albert.

—Entrometida querrás decir —Terry rió —¿has tratado con ella?

—No mucho —respondió el rubio —pero en las pocas ocaciones que lo he hecho me he dado cuenta que es una jovencita bastante agradable y linda.

—¡En serio! —No me di cuenta —Terry fingió desinterés una vez más. —lo que si noté fueron las graciosas pecas alrededor de su pequeña nariz —comenzando a reír —sabes, cuando me di cuenta que se movían cuando se enfadaba, la llamé Pequeña Pecosa y la embromé mas de lo debido.

Albert no pudo ocultar mas sus carcajadas.

—Seguro a esta hora debe estar pidiendo tu cabeza

¿Señorita Ardley o Señorita Pecas?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora