Capítulo V

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Ya había pasado una semana desde su llegada a Londres. Una semana donde lo único que hacía era recibir una clase tras otra. Una semana donde cada noche, al cerrar los ojos, un par de ojos azules con destellos verdes se colaba entre sus pensamientos, sin dejar lugar a nadie mas.

Afortunadamente durante los escasos minutos de descanso, mientras caminaba por el amplio jardín de aquel lugar, encontró el lugar perfecto donde reposar lejos de todos. Pero su tranquilidad se vio interrumpida al ser pillada por Anthony quien a partir de ese día irrumpió los momentos de soledad en donde ella daba rienda suelta a sus pensamientos con aquel insolente chico que veía hasta en la sopa que comía.

¿Que habrá sido de él? ¿En que parte de Inglaterra vivirá? ¿A que colegio asistirá? ¿Se recordará de mi, de la misma manera como yo lo recuerdo a él ?

—Candy no deberías estar recostada en pasto, sabes que eso...

—No es propio de una dama —completó ella, aquella frase era su pan de cada día desde que la descubrió en aquel lugar.

—Dime Candy, ¿tienes una respuesta a mi propuesta?

—Anthony, te pedí tiempo y espacio. Realmente agradezco que esta semana que llevamos en el colegio hayas sido tan gentil de otorgármelo, pero siendo sincera, con tantas clases y deberes diarios, apenas y he tenido tiempo para mi.

—Pero todo sacrificio vale la pena, y veras sus frutos cuando salgas de aquí convertida en toda una dama de alta sociedad de la cual me sentiré orgulloso llevar del brazo.

Candy suspiró

—¿Cuánto tiempo llevas ahí de pie observándome ? —Preguntó para desviar el tema sin molestarse siquiera en abrir los ojos, no se le apetecía encontrarse con su mirada de desaprobación

—El tiempo suficiente como para ser testigo de tus suspiros —respondió él —Si no pensabas en mi propuesta, ¿en que pensabas entonces?

Ni loca iba a decirle la verdad.

—En lo mucho que extraño América, en especial el Hogar de Pony —suspiró nuevamente

—¿Es por eso que vienes todas las tardes a este lugar?

—Si —respondió ella —este lugar me recuerda a la colina de Pony —abrió sus ojos —lo he nombrado la segunda Colina de Pony.

—¿Te refieres al mismo lugar que prometiste me llevarias a conocer?

—El mismo —respondió ella con una leve sonrisa —pero tu accidente y el tiempo que tardaste en recuperarte impidieron cumplir mi promesa.

—Podrás hacerlo cuando regresamos —extendió su mano para ayudarla a que se pusiera de pie —cuando eso suceda, tus madres estarán muy orgullosas de ver en la gran dama que te has convertido.

Una gran dama —se dijo a si misma.. pero...— ¿que era una dama? —¿Una mujer distinguida, refinada con buenos modales y una excelente educación, con una reputación intachable? — ¿alguien sin voluntad y sin derecho a decir o hacer lo que pensaba?,— ¿una pieza en una mesa de ajedrez a quien se mueve de un lugar a otro? ¿Una mujer a la que un hombre presume llevándola de su brazo? — ¿Alguien que no tiene derecho a mencionar una sola palabra si no le es requerido? — ¿Una mujer sin voz ni voto? —¿Una especie de mueble bonito que adorna una estancia? —¿Una mujer sumisa que acata sin replicar a todo lo que su esposo dice? —¿Una mujer dependiente de su esposo? —¿Una mujer que mata su ocio quedándose en casa bordando, cuidando de su casa, de los hijos en espera a que su esposo regrese? — ¿Alguien sin derecho a buscar su propio camino? —¿En verdad eso era ser una dama? —Pues si, Eso era lo que le habían enseñado en su semana dentro del Real Colegio San Pablo. —¿Era eso lo que ella verdaderamente quería?. La respuesta era mas que clara... "No" —ella tenía otra visión de lo que quería en la vida. Amaba su libertad, no solo de sus acciones sino de sus expresiones.

¿Señorita Ardley o Señorita Pecas?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora