Capítulo 7

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Silencio. Cuando Dylan abrió la puerta de madera de su hogar, tan solo encontró habitaciones vacías y una enorme sensación de desasosiego que no había dejado de perseguirle desde hacía unas cuantas horas.
Había estado en el poblado cercano consiguiendo las pastillas necesarias para su omega, pero apenas ese pequeño aguijonazo en su espalda se presentó, no dudó en darse la media vuelta y volver hasta donde Thomas. Pero ahí no había nada.
Caminó hasta la habitación que todo ese tiempo habían compartido, revisó los cajones, contempló la ropa del rubio grácilmente doblada y sin el más leve signo de afectación. Si el omega hubiese huido, la ropa no estaría ahí. Entonces el escenario en su cabeza, cambiaba por completo. ¿Dónde estaba Thomas?

Salió directamente hasta los campos recién bañados por la brisa de la noche, dejándose guiar por su olfato. Pero todo acababa al final del camino, donde el aroma del omega se desvanecía en una extraña mezcla de azufre y otros olores que no podía reconocer.

Había percibido un par de aromas extras en su hogar, y eso lo tenía completamente inquieto. Si el omega estaba en peligro, era su culpa, completamente su culpa. Nunca debió dejarlo solo, nunca debió salir sin avisar.

Ahora estaba ahí, en el medio de la noche, esperando encontrar cualquier pista viable que le pudiese ayudar a llegar hasta su dulce omega: nada.

Se llevó las manos a la cara, limpiando el rastro de sudor. Deslizó la diestra hasta los vaqueros, palpando el pequeño móvil que tenía entre estos. Tyler, debía hablar con Tyler. Un timbre, probablemente dos. Espero por la voz al otro lado del aparato al tiempo que movía la bota contra la tierra. ¿A quién más podía acudir?

—¿Dylan? —la voz de su amigo y primo al otro lado de la línea, le hizo lanzar un suspiro de satisfacción.

—Tyler, necesito ayuda, Thomas no está y no sé que haya pasado. Sus pertenencias están intactas, había más aromas en esa casa. Jesús, Tyler, no sé que haré si no lo ...

—Espera, ¿más aromas? ¿Estás seguro, Dylan?

El alfa se quedó en silencio durante un instante. Aun sentía la extraña angustia subiendo por sus entrañas, acompañando aquella voz que clamaba por la ausencia del omega. No lo entendía. Se sentía desesperado, tenía ganas de romper todo, de matar a alguien. Quería a su omega con él y lo quería ahora.

—Estoy seguro, Tyler. Algo le sucedió, no está, se esfumó en el aire, Tyler no puedo, no sé que ... —las palabras se detuvieron al segundo exacto en el que el ardor en su cuello le hizo soltar el móvil. Ardía, dolía, se quemaba. El dolor bajaba con tortuosa lentitud, instalándose en su pecho, apretándole el corazón.

Podía sentirlo. Las lágrimas brotaron sin su consentimiento, el dolor se acentuó en su pecho y le obligó a llevar la diestra hasta sus labios. El vómito acabó contra la tierra y con un Dylan completamente alarmado. Se sentía acalorado, débil, cansado. A ese punto solo atinó a buscar el móvil abandonado, cogiéndolo con la mano aun limpia. Al otro lado de la línea, Tyler gritaba histérico, preguntando por él. Dylan se permitió ir hasta el piso, tomando asiento al tiempo que cerraba los ojos y trataba de ignorar el mareo que comenzaba a hacerse presente.

—Tyler, no me siento bien... Siento que voy a vomitar los intestinos...

—Espera ahí, Dylan. Iremos por ti.

El alfa se quedó en silencio tras aquello, escuchando el insoportable sonido de la línea vacía al otro lado del móvil. Tyler había colgado. Sinceramente, no le interesaba mucho. Se sentía fatal. La ausencia del omega tan solo empeoraba la situación. No podía comprenderlo, los alfas eran fuertes, sanos por naturaleza, era completamente irracional que cayera enfermo de un minuto a otro. Cerró los ojos y fue capaz de sentir como de nuevo su pecho era apretado: vomitó una vez más, devolviendo la bilis y lo último que quedaba en su estómago.

It's you | Dylmas AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora