"Fantasmas" | Harry Potter | El cáliz de fuego

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"La danse fantomatique est notre langue"

No existe algo tan irreal como la paz, porque existe el más caótico de los dolores. Amor.

Acarició con la punta de los dedos aquel emblema. Estaba húmedo por las lágrimas y destrozado por los años. Y estaba infestado de fantasmas de ojos negros y cabellos cobrizos que daban solo miradas altaneras. Para él, lo menos intimidante de aquel bordado era el dragón rugiente.

Dejó la capa dentro del baúl, donde debía permanecer, y se acercó a la chimenea. Las llamas verdosas iluminaron su rostro, reflejándose en sus ojos onix e iluminando su lacio cabello cobrizo. Escuchó el susurro de su más antiguo ancestro: "Es el traidor de esta sangre". Quizás aquello era verdad.

Puso sus pies sobre las llamas, acercando su baúl y sujetando la jaula de su lechuza con manos firmes.

-Hogwarts-Antes de que las llamas lo consumieran totalmente, vió el rostro de su padre entre los de todos los fantasmas. "No me falles" lo escuchó decir en un susurro frío y distante.

Las exclamaciones no se hicieron esperar cuando apareció en la solitaria sala común. Los fantasmas se apartaron horrorizados y con temor se inclinaron ante él.

Entró al dormitorio, también vacío, y dejó sus cosas a los pies de la que escogió como su cama, apartando las pertenencias de Draco Malfoy para acomodar las suyas. Un trueno resonó el las afueras cuando abría la puerta para iniciar su travesía hasta el gran comedor.

Los pasos retumbaron en los pasillos y en las escaleras, dando a las pinturas un anuncio de su proximidad. Los fantasmas que abarrotaban las rutas se empujaban unos a otros e inclinaban la cabeza entre temblores cuando él los observaba.

Las conversaciones se detuvieron en el momento en que colocó un pie en el gran salón. Aún faltaban un par de minutos para el inicio de la ceremonia de apertura, por lo que no se molestó en disculparse y se encaminó directamente a la mesa de Slytherin, donde todos se apartaron unos metros para dejarle un gran espacio para él. Nadie deseaba tenerlo cerca después de todo.

Ysaak Phantomhive, heredero de la dinastía Phantomhive, con sangre pura y fuertes genes. Ese era él. Un hijo maldito por los enemigos de sus antepasados, que fue destinado a vivir observando a los fantasmas de las víctimas de su lóngeva familia, y a enamorarse de quien lo vería en un futuro como uno de sus más grandes enemigos: Harry Potter, el niño que vivió.

El silencio de su mente se esfumó en el instante en que los ojos esmeralda del Gryffindor lo observaron un instante. La caótica sensación de anhelo le enfrió la sangre y se obligó fruncir el ceño en un gesto de dureza. El chico apartó la vista, comenzando una charla con su amiga. Suspiró amargamente y se limitó a observar a Dumbledore, quien se había acercado al podio para dar la bienvenida.

El director anunció las prohibiciones y reglas del establecimiento, y entonces inició lo que Ysaak necesitaba saber.

-Cómo su director, me gustaría dar un gran anuncio-El chico se inclinó hacia la mesa, en señal de interés-. Durante el año este no será solo su hogar, sino que también el de invitados muy especiales.
《Me complace comunicar que Hogwarts ha sido elegido como la sede de un evento legendario: el Torneo de los tres Magos. Para quienes no lo sepan, este torneo reune a tres escuelas para una serie de concursos mágicos. Cada escuela escoge a un solo estudiante para competir, por lo que he de ser claro: Si eres elegido, compites solo.
《 Los detalles de esta competencia serán dados mas adelante. Por ahora, demos la bienvenida a las encantadoras señoritas de la Academia de Magia de Beauxbatons...-Las puertas del salón se abrieron dando paso a un grupo de estudiantes vestidas con conjuntos azulinos- y a su directora, Madame Maxine》

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