capíтυlo O8

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Cierro el diario y lo pongo encima de la mesita de noche, para luego apagar la pequeña lámpara que se encuentra en esta. Me acomodo de una mejor manera entre las sábanas, apoyando mi cabeza en la almohada, y me quedo mirando al techo por unos segundos.

Estoy enfadada conmigo misma. Debí haber... debí haberla entendido mejor. No era fácil todo por lo que estaba pasando, no le deseo a nadie estar en la posición en que se encontraba ella.

Pero, en fin... Todo lo que diga o sienta ahora está de más, porque ya todo pasó y resultó de cierta manera. Por más que quiera, no hay nada que pueda cambiar.

Me posiciono de lado sobre la cama, adoptando una postura más cómoda para dormir, y luego de un rato logro conseguir el sueño.

A la mañana siguiente lo primero que siento es el sonido de mi alarma, y una vez abiertos mis ojos me molesta inmensamente la claridad que entra por el cristal de las ventanas. Estiro mi brazo para apagar la alarma, y luego me cubro hasta la cabeza con el edredón de mi cama.

Paso varios minutos debatiéndome entre ir y trabajar o simplemente quedarme en casa y que me despidan, pero pronto llego a la conclusión de que debo ocupar mi mente en algo aparte de todo lo que sucedió en el pasado.

Luego de tomar una ducha rápida, me decido por mi vestido malva y unos zapatos de tacón bajo para mi atuendo del día. Meto todo lo necesario en mi bolso, incluyendo el diario, y me dirijo a los bajos del edificio para tomar un taxi.

Al llegar al café del que ya soy cliente habitual, ordeno un set de desayuno e incluyo en este ese café amargo que tanto me recuerda a Minnie.

Justo cuando estoy terminando de comer, se adentra en el lugar ese rostro que siempre intento evitar.

Me asombro al verle, aunque contando la de ayer ya es la segunda vez que le encuentro acá.

Sus ojos me divisan, y no puede evitar que se note la sorpresa en estos. Aparentemente, ambos pensamos que ayer era la primera y última vez que vendría el contrario a este sitio.

Miro abajo, enfocándome en lo que queda de comida, y solo veo cómo se acerca a la barra y toma asiento. Me apresuro a terminar de desayunar, y tomo mi celular de encima de la mesa para encaminarme a la salida.

Nuevamente me habla.

– ¿Alguna novedad sobre ella?

Detengo mis pasos y me giro para verle.

– No, ninguna. Y... ¿Soy yo la única persona a quien puedes preguntarle? –suelto, fallando en mi intento de no parecer maleducada.

– No realmente, podría preguntarle a sus padres. –ladea su cabeza.

– ¿Entonces?

– No lo sé, aún no he decidido qué hacer respecto a ellos.

– ¿Te estás refiriendo a los negocios entre ambas compañías? –creo que me estoy metiendo en donde no me llaman, pero no puedo evitar sentirme irritada ante la idea.

– Quizá.

Me acerco al espacio que hay a su lado en la barra.

– Escucha, si piensas que Minnie pretendía casarse contigo solo por eso, estás muy equivocado. –digo, algo a la defensiva.

– No actúes como si la conocieses mejor que yo. Sé perfectamente que no haría eso. –comienza a decir, adoptando el mismo tono que yo– Pero su madre... es un caso aparte. Y fácilmente la convenció, o incluso la obligó a—

– Ella no hizo nada de lo que hizo porque la hayan obligado. Entiende que ella siempre te quiso. –digo, en voz baja debido al lugar en que nos encontramos, pero no por eso dejo de sonar enojada– No. Quizá no la conozco mejor que tú, pero sí tengo seguro que siempre te quiso. El problema es que no llegó a amarte. Pero se dio cuenta muy tarde, y... llegó a un punto en que no sabía qué hacer. Y precisamente por no herirte, por no herir tus sentimientos... –hago énfasis en el "tus"– Siguió llevando a cabo la boda, ignorando lo que sentía ella.

Él se queda en silencio mirando al suelo, probablemente meditando sobre lo que acabo de decir, pero eso me da pie a continuar hablando.

– A pesar de que mi opinión pueda importarte muy poco, pienso que aún deberías ayudar a su familia. Porque están en una situación en la que... deben ver a su hija prácticamente sin vida... –las lágrimas amenazan con caer de mis ojos, e inhalo aire prolongadamente antes de continuar– En fin, que... están pasando por un momento terrible de por sí, y no creo que deberías ser tan egoísta de dejar aquel trato entre las dos empresas de lado, solo por tu orgullo.

Digo esto último casi en un susurro, y luego suspiro. Él levanta finalmente su vista del suelo.

– ¿Yo puedo ir a verla? –me mira, sus ojos dando a conocer todo el dolor que siente.

– No soy quién para impedirlo. –mascullo por lo bajo.

– Yo...

– Perdona, pero se me está haciendo ya tarde para irme al trabajo.

– Oh, está bien. Que tengas un buen día. –esboza una muy pequeña sonrisa, casi imperceptible.

– Sí, emm... tú igual. –doy un leve cabeceo para ahorrarme una reverencia, y salgo del lugar.

Pasadas unas horas regreso a casa del trabajo, que se me hizo demasiado tedioso debido a la escasez de ganas que traigo casi siempre conmigo. Últimamente no estoy vendiendo mucho, ya mis superiores están preguntándose qué anda mal conmigo.

Cruza mi mente el pensamiento de dejar de trabajar, pero pronto lo dejo a un lado ya que... ¿Qué otra manera tendría de sostenerme?

No, no, todo mal. Siempre me ha gustado mi trabajo, y así seguirá siendo. No puedo permitir que lo que ha pasado me cambie, no puedo. Por lo que sé, podría despertar en un año, pero también en un día. Entonces, tengo que mantenerme fuerte hasta ese entonces, sin importar de cuánto tiempo se trate.

Tomo un baño y tengo éxito en mi intento de relajarme, ya que me siento mucho menos tensa al salir de este. Decido cocinarme algo de cenar y esperar a que anochezca para ir al hospital, así que eso hago.

Son apenas las ocho de la noche cuando estoy entrando a la habitación donde está ingresada Minnie. Esta vez está sola. Mis ojos se percatan de que las flores dentro del jarrón de la mesita a su lado están casi marchitas, y me hago una nota mental de comprar unas nuevas mañana.

Dejo mis cosas encima de un asiento, y me acerco a ella.

– Buenas noches, hermosa. –sonrío leve y me bajo a la altura necesaria para dejar un muy suave beso en su frente.

Me aparto para traer la misma silla de siempre a su lado, y me dejo caer en esta. Suspiro.

– Hoy me encontré con BamBam. –miro hacia la pared que se encuentra a menos de un metro después de su camilla– No parecía convencido de aún hacer el trato con tus padres. Pero intenté explicarle la verdad y tal, espero que no siga cegado por el odio o el orgullo, y decida continuar todo.

Sonrío leve.

– Hoy te ves incluso más linda que ayer, ah.

Me pongo en pie y tomo el periódico de hoy, que había traído entre mis cosas, para luego sentarme nuevamente.

– Acá te traigo los nuevos chismes que te has perdido. –digo en tono de emoción, y repaso con la vista los titulares para decidir qué debería dejarle saber.

Pronto comienzo a leerle las distintas historias, de temas muy diferentes cada una, esperando que sean de su agrado. Encuentro una sección de acertijos, y me entretengo resolviendo estos durante unos minutos.

Después de una hora, quizás un poco más, me despido de la chica frente a mí con el pretexto de que se vuelve complicado alcanzar un taxi cuando ya son sobre las diez de la noche, y abandono la habitación luego. Voy directo al lobby, acercándome al mostrador para preguntar su estado y circunstancias médicas.

Lo mismo de siempre: Nada empeora en su condición, pero tampoco se ve ninguna mejoría.

Tell Me You Like Me (Esp) || Yuqi x MinnieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora