Desperté gracias a Hunter. No, en realidad desperté porque Hunter decidió que ya era hora de que me levantara. Abrí los ojos lentamente y lo primero que vi fue su cara fastidiosa asomada por la puerta.
—Hey, ya levántate —dijo, sin ningún respeto por mi deseo de seguir durmiendo—. Kath se está duchando, después vienes tú.
—Sí, sí, lo que tú digas... —murmuré, girándome hacia el otro lado y tapándome de nuevo con la manta. Estaba tan calientita. Dios, solo quería cinco minutos más.
Pero claramente, Hunter no estaba para juegos.
—Hey, ____, vamos a ir a desayunar y después te vas durmiendo en el auto, pero necesito que levantes tu culo y despiertes ya.
Solté un suspiro largo, de esos dramáticos, como si fuera lo peor que me podía pasar. Me senté en la cama con flojera, estirándome como un gato.
—Okey... —me levanté arrastrando los pies y me puse los tenis—. Pásame tu chaqueta, hace frío.
Hunter me lanzó su chaqueta sin decir nada, y yo la atrapé antes de que me diera directo en la cara. Mientras me la ponía, miré hacia la cama de Jazz. Seguía dormida, abrazada a su muñequita como si estuviera en otro planeta. Sonreí. Tan tierna.
Salí con la chaqueta de Hunter puesta rumbo a mi auto. Saqué mi bolso —sí, el otro bolso— y volví a entrar. Hunter estaba en el piso, jugando con mi cachorro Scott.
—¿Para qué sacas tu otro bolso si ya habías sacado uno? —preguntó sin mirarme, mientras le rascaba la pancita a Scott.
—Porque aquí está la ropa que realmente me quiero poner. Y los tenis que me realmente quiero usar —le respondí con una sonrisa sarcástica. A veces no entiende mis prioridades.
—Llevaré a Scott afuera a hacer pis, y después le doy de comer —dijo con naturalidad, como si eso lo hiciera el hermano del año.
—Gracias, hermanito. —Me acerqué y le di un beso en la frente. Miré a la cama donde estaba Kath, y a su lado, Aiden dormía plácidamente, como si no existiera el caos matutino a su alrededor.
—No es nada —respondió él, restándole importancia—. Prefiero cuidar a Scott que a Jazz o Aiden, sinceramente.
Solté una risa. Su sinceridad brutal siempre me hacía reír. Después de unos minutos, Kathy salió del baño con el pelo húmedo y ya vestida. Se veía tan fresca y despierta que me dio rabia.
No perdí tiempo. Entré al baño y me duché en cinco minutos. Literal. No porque me encantara bañarme rápido, sino porque necesitaba salir de Houston ya. Me encantó este lugar, pero tenía esa urgencia por estar en Los Ángeles lo antes posible.
Me puse la ropa que había elegido:
Una blusa ancha, clarita, con un suéter largo encima y unos jeans que ya me apretaban más de lo que recordaba.
Era muy diferente a lo que solía usar, pero me hacía sentir cómoda. Además, los jeans ya empezaban a recordarme que, aunque no tenía una panza gigante de embarazada... algo estaba pasando. Porque sí, me estaban apretando un poco y eso no era normal.
Mientras terminaba de vestirme, hice la cama donde había dormido. Miré la hora: 7:50 am. Uf. Me acerqué a Jazz y me quedé mirándola por unos segundos. Se veía tan tierna, con su muñequita abrazada entre los brazos, respirando despacito. No pude evitarlo. Saqué el celular, le tomé una foto y la subí a mi Instagram. Porque sí, el mundo necesitaba ver esa ternura.
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