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NARRADO

Hoy cumplo 18.

Y no sé si es la emoción, los nervios o las ganas de que pase algo, pero me siento viva. Las chicas organizaron una fiesta en la casa de Jenny, una mansión con piscina, luces LED por todas partes y una lista de invitados que parecía sacada de TikTok.

¿Noah vendrá?
No lo sé.
No hablamos hace semanas, desde que empezó a salir con Lea.
Pero bueno... ya no me importa tanto. O eso me digo.
Porque últimamente, hay alguien que ocupa más espacio en mi mente.
Nate.
Skate.
Como sea que quiera que lo llame. Él está ahí, constante, peligroso y jodidamente atractivo.

Me puse un vestido blanco con toques rosa pastel, ajustado al cuerpo, tirantes finos, espalda descubierta. Tacones transparentes. Un maquillaje soft glam. Y el pelo suelto, porque sabía que a Nate le encantaba así.

Subí a la Suburban y manejé directo al supermercado de Scott, el amigo de mi hermano mayor. Compré botellas de vodka, cervezas, energéticas y algo de limón. Nunca se sabe cuándo hay que impresionar con un trago. Luego me dirigí a la casa de Nate.

Toqué la puerta y me abrió en shorts, sin polera, pelo desordenado, y cara de recién despertado.
Casi se me cae la botella de Smirnoff.

—Hola, dormilón —le dije, dándole un beso en la mejilla.

—Hola, bonita. Te ves muy guapa —dijo, mirándome de arriba a abajo como si me desvistiera con los ojos.

Me sonrojé sin poder evitarlo.

—Gracias... tú también. Recién despertado te ves... —me mojé los labios sin pensar— guapo.

—Lo sé —sonrió con descaro—. Ve a mi cuarto, en la cama están las bolsas con hierba. Agarra lo que necesites. Me voy a cambiar.

Asentí y subí tras él. Él entró al baño. Yo al cuarto.
Ahí estaban, cuatro bolsas. Tomé dos y las guardé en mi bolso. Me tiré boca abajo en su cama mientras revisaba los mensajes de cumpleaños. Hasta que...

¡PAF!

Una nalgada me hizo pegar un salto.

—¡Idiota! —me di vuelta riendo, y ahí estaba él, con una toalla baja, mojado, con gotas cayéndole por el cuello, sonriendo como si el mundo fuera suyo.

—¿Qué me miras así, bonita?

—Es que... me pones, Nathan —le dije, mordiéndome el labio.

Se acercó, se inclinó hasta rozarme con la cara.

—Y tú a mí, preciosa —me susurró antes de besarme. Corto. Ardiente. Peligroso.

—Te daré tu regalo esta noche, girl —dijo mientras se alejaba guiñándome un ojo.

—¿Se puede saber qué es?

—Ya lo sabrás, babe.

Lo esperé abajo, y cuando bajó... wow.
Jeans anchos, camiseta blanca, chaqueta de cuero, Nike Retro 1.
Un dios callejero.

—Wow —dije abrazándolo del cuello—. Te ves muy guapo.

—Tú estás bella, princesa —me dijo con las manos en mi cintura.

—No más que tú —le respondí acercándome.

—No pongas esa cara... —mordió su labio, acercándose aún más.

—¿Cuál? ¿Esta? —hice la cara que sabía que lo volvía loco.

—Mierda. No aguanto.

Y me besó. Brusco. Con hambre. Con sus manos bajando y provocándome un gemido bajito que lo hizo sonreír. Me tomó y me empujó contra la pared.

INSTAGRAM (noah centineo y tu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora