Ya habíamos llegado a la casa de la playa del papá de Kath como a la una de la tarde. Aún no podíamos entrar porque el guardia —que vive en la ciudad— tenía que traernos las llaves.
—Kath, es muy grande —dije mirando desde el portón—. Son como... ¿quince metros de jardín para allá?
—Sí, a mi papá le encantan las casas grandes. La de México es un poquito más grande que esta. Lo bueno es que el auto quedará adentro y no correremos riesgo de que pase algo. Además, este lugar es bien cerrado y privado.
—Sí, lo noté. ¿Y tienen vecinos cerca?
—Sí, pero viven casi a quinientos metros. Esa es la gracia.
Justo cuando Kath terminaba de hablar, un auto gris se estacionó al lado de nosotros. Se bajó un señor de unos cincuenta años, con cara amable y algo apurado.
—Señorita Katherina, aquí están las llaves —le dijo mientras se las pasaba.
—Ay, Marcus, sabes que me puedes decir Kath.
—Perdón, señorita Kath.
—Marcus, te presento a mi familia —dijo señalándonos con la mano—. Ellos son mis medios hermanos por parte de mi ex padrastro: ____, y Hunter. —Me señaló a mí y a Hunter, luego abrazó a Jazz por los hombros—. Esta pequeñita es Jazzy, mi hermanita. Y este bebé —dijo mientras tomaba a Aiden de los brazos de Hunter— es mi hijo Aiden.
—Wow, señorita... Es un bebé muy lindo. Bueno, me tengo que ir. Mi hija llegará luego con mis nietos. Fue un gusto conocerlos. Hasta luego.
—Hasta luego —dijimos todos.
—Bueno —dijo Kath mirando la casa—, entremos, acomodemos las cosas en los cuartos y después vamos a la playa.
—¡Siii! —gritó Jazz emocionada.
—Pero hay que hacer las compras primero —dije, porque sí, nadie había pensado en eso aún.
—Yo te acompaño —dijo Hunter—. Kath se queda con los niños y Scott en la playa.
—Buena idea. Pero primero, ____... ¿puedes meter el auto para bajar las cosas?
—Oh, sí, claro —respondí.
Después de bajar todo, subí a ver mi habitación para acomodar la ropa y mis cosas. Mientras Noah no llegara, dormiría con Jazz. Después, cuando él llegara, Jazz se iría con Hunter.
La casa era enorme. Según Kath, tenía cinco habitaciones. Me encantó.
—____, ¿vamos a comprar? —me llamó Hunter desde el pasillo—. Así después nos metemos al agua.
—Sí, déjame cambiarme de ropa y vamos.
—Mejor dúchate. Hace 21 horas que no nos cambiamos. Yo también me iré a duchar. Te espero en 30 abajo.
—Okey —asentí.
Me duché rápido, como en diez minutos. Me sequé el pelo, que me quedó liso con unas pequeñas ondas, y me puse unos shorts deportivos y una camiseta que dejaba ver mis costillas, junto a unas Nike Af1 blancas.
Me maquillé de forma natural: encrespé mis pestañas, les puse rímel, y usé un labial nude. Bajé con las llaves en la mano.
—Y, hermanito, ¿ya estás listo?
—Claro que sí —respondió con una sonrisa.
—¿Ya nos vamos?
—Sí, señorito. Kath, cuida bien a Scott y a Jazz.
—Claro, ____. Les mandé una lista por mensaje con lo que necesito. Ahí vean qué traen.
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