Capítulo 9: Lo siento

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Con ojos llorosos le observé, tan pequeño e inocente.

Cómo si se tratara de un muñeco de porcelana, toqué suavemente su cabecita. Tenía miedo de que en algún momento se dañara.

Lloré mucho, con el corazón borracho de emociones negativas. Lloré sola, porque no quería la compañía de nadie. No quería ver los ojos tristes de mi marido.

Canté mi primera y última canción de cuna para él, porque iba a dormir por mucho tiempo y yo no estaría a su lado.
En un ataque de histeria gritos de dolor y enojó embrago toda la fría y blanca habitación.

Médicos entraron, me quitaron a mi bebé.
Ellos no podían, no tenían derecho de quitarlo de mis brazos.

El debía de estar con su madre.

—Cariño, por favor. Te necesito y tu a mi, por favor ya detente.— el susurro en mi oído me hizo girar mi cabeza lentamente, tenía miedo de ver sus ojos, que siempre se encontraban brillando cada que hablábamos algo relacionado con nuestro bebé. Quería perder el control de mi, él lloraba cómo nunca antes lo había visto. Lloraba conmigo, lloraba por nuestro bebé que no pudo disfrutar de estar a nuestro al lado.

Lo abracé. Y ambos lloramos.

—¿Por qué? ¿A caso no merecemos ser felices? Dime, cariño ¿No lo merecemos?— con la poca fuerza que aun albergaba en mi cuerpo, hablé.

Más él no respondió.
Mi bebé había muerto cuándo ni llevaba unos minutos en la tierra. «Fue natural, un aborto espontáneo. Nada se podía hacer.  A causa de eso corre mucho riesgo de no volver a quedar embarazada. Lo siento.»

Eso dijo el doctor.
Yo me hundía en miseria. Y todo quedó negro para mi, ya no tenía fuerzas. Cerré mis ojos en busca de paz y tal vez, sólo tal vez, en busca de mi bebé.

Con odio y karma.

As.

INEFABLE ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora