Capítulo 2: Bastarda

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La sensación de intranquilidad a inundado mi cuerpo y mente hace algunas noche dónde la ausencia de mi marido es notoria.

Acontecimientos extraños han estado sucediendo, no son sólo supersticiones, algo malo está ocultando. Yo no estoy loca.

¿Verdad que no, cariño?— no responde, pero yo sé que está de acuerdo conmigo. Somos tal para cuál.

No quería dejar rastro, el cuerpo ya estaba frío y era cuestión se tiempo para que el putrido olor sea notorio. Sin demorar un minuto más, empiezo a mutilar su cuerpo en partes medianas para ser arrojados al tanque de ácido dónde mi primera víctima ya había dejado de existir. Uno menos, falta ella.

Luego de unos minutos y ya arreglada subo a la habitación de la infante que se encontraba escondida en el armario pero al verme por la pequeña ranura salió a abrazarme.

—¡Tía! Te he extrañado ¿Quieres jugar a las escondidillas? ¡Tío Loui y mamá juegan! Aunque se tardan mucho en buscarme... ¡Debe ser porque son unos viejos!— su voz sonó alegre, casi siento pena, casi.

—Muy bien mi niña ¿Tu cuentas hasta diez para así yo esconderme?— su sonrisa se ensancha y da media vuelta para contar.

—Uno... Dos...— me pongo de rodillas en absoluto silencio— tres... cuatro... cinco...— el arma blanca se ajusta a mi mano y mis ojos recorren ansioso su pequeño cuerpo— seis... siete... ocho... nueve... ¡Diez, quieras o no por ti voy!— su voz canterina resuena en absoluta alegría y mi mano viaja con fuerza a su estómago cuándo gira en mi busqueda.

—Te atrapé primero, bastarda— sus ojitos se cerraron al instante y lentamente murió ahogada en su propia sangre, tan patética cómo su madre. Y tan maldita cómo su padre.

Con odio y karma.

As.

INEFABLE ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora