La primavera la sangre altera

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Con la llegada de la primavera también llegaron las jornadas culturales en honor a nuestro instituto. Estaban los típicos puestos de comida, partidos de fútbol con los profesores, campeonatos de futbolín, MasterCheff... Había de todo. Y este año parece ser que los planetas se alinearon y Camila y Emma decidieron venir en vez de quedarse durmiendo en casa.

Si me preguntaran cual fue el mejor año de jornadas para mí, diría que éste. No llovía, se podía estar al aire libre... La primera hora hicimos zumba en el ágora, y luego nos pasamos por el concurso de graffitis, que se hacía en las paredes del gimnasio, que habían pintado de blanco aposta para la actividad.

- Chicos, intentad dibujar cosas relacionadas con el deporte por favor. Recordad que es un gimnasio, no que yo trabajo aquí. ¡Ana, que acabó de decir!? Haz algo relacionado con el deporte.

- Que sí, mira, si le he puesto un balón de baloncesto y una canasta aquí detrás para que parezca que esta jugando.

Bueno, en realidad ese dibujo era un anime, una chica con orejas de gato y varios seres mitológicos volando a su alrededor... Y por último la canasta y el balón, que sobraban. Maldita Angustias del Pilar. Hasta en las jornadas tiene algo que decir. Por no hablar de lo antinatural que se veía con ropa de vestir (y peinada). Normalmente llevaba chándal a sus clases.

Dentro del gimnasio había un concurso de patinaje, y para los que odiaban el deporte se ponían a jugar a las damas o al ajedrez. Aun así nuestro grupo prefirió irse a un pasillo vacío y sentarse a jugar y charlar hasta que nos echaron, con la excusa de que nos íbamos a volver unos vampiros. Nada más salir al patio nos encontramos con un hombre de pelo largo cargando dos toneles, que al mirarnos nos dijo:

- ¿Os importaría ayudarme a descargar los bongos africanos? Hay más en la furgoneta.

Vaya. Con que no eran toneles. Lo ayudamos por caridad y casi nos obligó a quedarnos en su taller como muestra de gratitud, así que allí estábamos, dándole fuerte a los bongos. Emma se vino arriba y empezó a darle muy fuerte a los instrumentos, pero como la pobre no tenía sentido del ritmo lo hacía regulín regular, y el pobre hombre la miraba sorprendido. También nos enseñó una canción africana, y cuando acabó el taller nos pusimos a guardar los bongos africanos en sus fundas. En ello estaba con Camila cuando un chico (creo que era de 2°B) se le acercó a Camila:

- ¿Quieres que te ayude?- le dijo con una sonrisa.

- No gracias, ya me ayuda mi amiga- esa amiga resulta que era yo, claro. Así que la ayudé.

Cuando ya quedaron todos los bongos guardados nos fuimos al Ágora, porque el espectáculo de verdad estaba por comenzar. La exhibición de acrosport tenía más nivel cada año y era más arriesgada. Alumnos se pasaban todo el año ensayando las pirámides casi imposibles para poder presentarse al concurso. Estábamos esperando a que el primer grupo comenzase cuando Camila perturbó mi paz mental con esta conversación:

- ¿Has visto cómo me miraba?

- ¿Eh?¿Quien?

- ¿No te has dado cuenta? El chico que quiso ayudarme a guardar los bongos me estuvo mirando durante todo el taller, y cuando yo lo miraba me sonreía. Y el que estaba sentado a su lado te estaba mirando a tí.

-¿En serio? Pues yo no me he dado cuenta. De hecho es que ni le pongo cara.

- Es que tú no te enteras de nada. - dijo Camila riendo.- A ver si pasan por aquí y te digo quiénes son. Ojalá supiéramos como se llaman, pero creo que van a 2°B.

La exhibición de acrosport terminó y no volvimos a ver a esos chicos en unos días. Para hacer tiempo para que viniera el autobús nos fuimos a los bancos, nuestro sitio de siempre, y nos pusimos a hablar. Jess nos hizo trenzas a casi todas las chicas (porque a Alex no le gustaba que le tocaran el pelo ni con un palo) y me fijé en cómo Javier la observaba. Yo sabía que eran muy amigos, pero mi mente empezó a maquinar cómo enterarme de más.

La ocasión se me presentó en el autobús. Como no tengo pelos en la lengua pregunté directamente qué pasaba entre Jess y Javier y me contestó Lidia.

- Pues que a Javier le gusta, pero Jess no quiere saber nada. Aunque creo que en el fondo le gusta también. Pero no te lo pierdas, que Darío y Marcos también van detrás de ella JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Bueno, ya sabemos que Lidia era algo rarita... Pero al menos sirvió para enterarme de que todos los chicos de nuestro grupo sentían algo por Jessica. Menudo culebrón se iba a montar allí.

Ahora mismo, con 18 años no puedo dejar de darme cabezazos contra la pared de lo tontas que éramos y no paro de preguntarme qué caras pondría el conductor del autobús cada vez que nos oía hablar.

La Excelencia Da Asco (CDUS#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora