No había nada más que pudiese decir, de rodillas mirando con furia sus piernas cansadas, ya no podía moverse, estaba agotada, adolorida, más que el cuerpo, era el alma.
—lo siento, Kirito kun, no pude proteger nada— la impotencia se iba mezclando con el cansancio y sus bellos ojos castaños con lágrimas en ellos miraron la tierra bajo sus fatigadas rodillas, ya no tenía fuerzas.
Entonces escuchó la cálida voz de una persona que amaba, una que vivía en su memoria, desde el día que dejó la vida.
Sus palabras fueron claras, fuertes, lo suficiente para hacerla levantarse y emprender contra ese demonio negro que sonreía maliciosamente.
Un ataque simple, que había ocupado millones de veces, lineal, pero al verlo esquivar, su cuerpo se quedó estático, miró el pie del hombre de capa negra, utilizó tan sólo un poco de su manipulación, pero el dolor fue inmenso, aún así, esa voz le había dicho que se levantara, que luchara por lo que a ella más le importaba.
Y no había nada en el mundo que ella amara más que al espadachín que continuaba tendido en el suelo, volvería a levantar su espada, una y mil veces más.
Entonces las palabras llenas de odio y retorcido amor volvieron a caer sobre ella como agua fría, ¿cómo podía hablar de amor con tanto odio?, el miedo en su pecho estaba ahí, su arma a punto de quebrarse, su alma al filo en esa guerra despiadada.
¿Qué podía hacer?, ¿qué le faltaba?, se levantó y luchó, pero no bastaba, no alcanzaba, sus ojos se cerraron con temor, con profundo miedo de fallar.
Nuevamente la calidez tocó su espalda, y el abrazo derritió el miedo, el recuerdo en su corazón brilló haciéndole emerger alas blancas y puras en medio de esa desolación y muerte.
No perdería, no contra alguien como él, una habilidad que esa cuenta no debería tener llenó su cuerpo, pero la cuenta albergaba más que simples parámetros asignados, albergaba en su seno su propia alma, esa inquebrantable voluntad, ese indomable amor que la ataba al chico que yacía a unos metros de ella.
El Rosario de la madre estalló sobre aquel demonio, el poder desbordando en toda ella lo había derrotado, podía caer al suelo y dar un respiro.
Agradeció al cielo cuando vio las alas flotar desde su espalda a lo alto del firmamento, con la imagen de aquella persona amada que ella mantenía con cariño en su interior.
—gracias, Yuuki—
Y creyó ganar, con pasos cansados iba por su amado, y una vez más el destino quería otra cosa, el arma del hombre lo levantó, con un agujero en medio de su pecho, debía agonizar de dolor, pero sonreía.
Y qué aterrador era el cuadro a sus ojos de atardecer cuando el rayo negro hacía el cielo, esparciendo un negro manto junto a miles de caballeros carmesí listos a matar a todos los que quedaban.
¿Cuánto más?, un simple golpe la lanzó a la tierra, y extendió su mano lo más que pudo en la dirección de su amante, quien en medio de su estado buscaba alcanzarla.
Pero fue un pie envuelto en metal el que tocó su brazo, y volvió a cerrar sus ojos con fuerza, gritando en su alma el nombre amado —Kirito kun—
Aroma a rosas, luego de que la espada de aquel caballero carmesí tratara una y otra vez llegar a ella, un escudo protector no dejaba que llegase a ella.
Y su voz, lo escuchó, sabía en su corazón que así era, y pronto los miles de caballeros fueron envueltos en un hielo oscuro y puro, con aroma a rosas frescas limpiando el olor de la sangre del campo y miró en la dirección del cuerpo delgado de su amor, si lograba llegar a él, si sólo tomaba su mano, él se levantaría sin duda, solo debía alcanzarlo.
Pero el demonio rompió el hielo y le gritó al hombre que ella amaba cuánto lo había esperado, tenía tanto miedo, estaba tan desesperada, pero su amado siempre había sido su héroe, ella así lo había proclamado, y estaba nuevamente ahí, con su mano comenzando a reaparecer, veía con sus propios ojos, estaba al filo de la muerte, pero él no se quebraría, siempre confío en él.
Sus ojos se humedecieron, él calor cálido de mirar su espalda ancha contra la luz taciturna del campo de guerra, majestuosamente hermoso ante ella, cuidando ese mundo una vez más.
Se puso de pie con los sentimientos estallando en su pecho, quería correr a sus brazos y que la aferrara a su pecho y llorar con su abrazo contenedor, decirle lo mucho que lo había extrañado, lo mucho que lo amaba, pero de sus labios sólo brotó la bienvenida, entendía que debía volver a luchar, y ella confiaba en él más que en nadie más en el mundo, en cualquier mundo.
—Estoy de vuelta… Asuna — era así, había vuelto, era el héroe de una legendaria historia que estaba de pie protegiéndola, como lo hizo mil veces antes, como estaba segura lo seguiría haciendo el resto de sus vidas.
Y ella, ella lo seguiría hasta que el último aliento escapara de su boca, hasta el fin del mundo… de cualquier mundo…
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Uffff aquí no hay pataleo, sólo un alma feliz, 😍😍😍
Esta de vuelta!!
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Indomable
RomanceLágrimas se esconden tras el reflejo de su mirada, ella las lleva con orgullo, se alza sobre los cielos aún sin volar, y pisa fuerte en la tierra, soportando el dolor, lo único que la domina es el amor, el mismo que la vuelve libre. Serie de pequeña...
