Capítulo 5

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-Hola Katherine, ¿me presentas a tu amiga? -pregunta una voz a mis espaldas, que en tan sólo el primer día de clases ya me sonaba tan familiar-
Pude ver el brillo en los ojos de Alli, y por alguna razón esto empeoró el enojo que se comenzaba a crecer dentro de mí.
-Vete de aquí, Dylan -contesté sin voltearme-.
-Ohhh, ya conoces mi voz -se burla-. No me interesa hablar contigo pequeña, sólo con tu amiga.
-¡A la próxima que me digas pequeña...! -di vuelta bruscamente, pero me detuve al darme cuenta que mi cara quedó a centímetros de la suya-
-A la próxima que te diga pequeña, ¿te volverás a poner roja?
Oh rayos, oh rayos, oh rayos. ¿Me había puesto roja? ¡Demonios! ¿Y por qué no me alejaba del rostro de Dylan?
-A la próxima que me digas pequeña, lo único rojo que habrá será tu cara por el golpe que te daré -amenacé y me volví a mi lugar, dándole la espalda-.
-Me gustaría ver eso -susurró acercándose a mi oído, lo cual hizo que recorra un escalofrío por todo mi cuerpo-.
Siento que sus pasos se alejan, y volteo a mirar... grave error, él también estaba mirando. En su rostro se dibuja una sonrisa arrogante de costado.
-Adiós, pequeña -saluda levantando su mano-.
¡Vaya idiota! Tal vez cumpliría con mi amenaza, pero ahora mismo tenía un delicioso plato de comida en frente mío, y ya saben, la comida es primero, siempre es primero.
-No cumpliste con tu amenaza -dice Alli como si leyese mis pensamientos-.
-La hora de la comida no es momento de cumplir amenazas -respondo riendo-.
-Oh, claro que no, había olvidado que para Katherin Aldith Mawson la comida es sagrada.
-Claramente, no entiendo como no estoy rodando por todo el mundo ahora mismo.
-¡Porque eres una jodida chica con metabolismo rápido! -responde en reproche-, yo quisiera ser así. Comes y comes y no engordas. Y yo me la tengo que pasar de dieta en dieta, de gimnasio en gimnasio.
-Oye, eso ya es decisión tuya. Yo la paso estupendo no haciendo nada.
-¡Y mira el cuerpo que tienes!
-¿Cuál? -digo mirando como si no encontrase nada-
-No te hagas la tonta Kath. Tú y yo sabemos que tienes un buen cuerpo, por más que no lo hagas lucir.
-Ya, como digas.
-Tengo razón.
-Como digas.

¡Timbre! ¡Bendito timbre! Dando por finalizado el primer día de clases, ¿por qué no podía ser el último día y comenzábamos las vacaciones nuevamente?
Salimos con Alli, junto a Luke la llevaríamos a su casa ya que aún no le han comprado un auto, y de paso vería donde vivía.
Cuando nos vamos acercando vemos que Luke estaba hablando con... ¿Dylan? Oh no, no otra vez. Pienso en dar media vuelta e irme a otro lugar a esperar, pero entonces escucho el grito de Luke.
-¡Eh, Kath! ¡Aquí! -dice levantando la mano-
Genial, mi queridísimo hermano gemelo no me dejaba huir tranquila. Así que vamos hacia ellos con Alli.
-¿Podemos llevar a Alli? -pregunto-
-¡Rayos, Alli! ¿En serio eres tú? Ya te me hacías conocida... ¡Tanto tiempo! -exclama dándole un abrazo-
-Hola Luke -dice riendo y correspondiéndole el abrazo-.

-Oh, Kath, quería decirte que estuve hablando con Dylan y después de todo no es un mal tipo -comenta Luke-.
-Ya -respondo de un notable mal humor-.
-Es en serio -reprocha-.
-¿Y quieres que te dé mis bendiciones para que sean mejores amigos por siempre? Simplemente vamos a casa.
-No iremos a casa hermanita. Llevaremos a Alli y luego nos quedaremos en la casa de Dylan hasta la cena.
-¿QUE QUÉ? -pregunto indignada-
-¡Sorpresa, pequeña! -dice Dylan en un tono alegre y burlón-
Y es entonces cuando cumplo mi amenaza, y estampillo mi mano en la mejilla de Dylan. «Te lo advertí, "pequeño"».

•Sweet Agony•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora