El brillo de los héroes
Era un día radiante, de esos que parecen prometer que el destino finalmente está de tu lado. Tras un breve descanso bajo el roble, Lia reanudó su marcha. El bosque la envolvió en un abrazo de follaje denso donde los rayos de sol apenas lograban filtrarse, creando un ambiente fresco, casi sagrado, que invitaba al misterio.
Se guiaba por el mapa, pero su verdadera brújula era su objetivo: encontrar a los Siete Príncipes Valientes. "Si logro que me acepten, por fin podré ayudar a las personas de verdad", se repetía como un mantra. Aquella idea era el combustible que mantenía sus pies en movimiento a pesar de los kilómetros recorridos.
Había escuchado hablar de ellos en los pueblos fronterizos. Eran leyendas vivientes, héroes cuyos nombres se pronunciaban con reverencia por haber rescatado damiselas y derrotado a bestias que nadie más se atrevía a enfrentar. Su reputación los precedía como una estela dorada.
Finalmente, la espesura del bosque se abrió para revelar un asentamiento vibrante. Ante ella se extendía un pueblo bullicioso, un estallido de casas de madera pintadas de colores vivos y calles empedradas por las que la gente fluía con una energía contagiosa. El aire estaba saturado de risas, el aroma dulce del pan recién horneado y el rítmico tintineo de los martillos en las forjas lejanas. Todo respiraba una armonía que Lia jamás conoció en la rigidez de su antiguo reino.
—Es enorme... y muy bonito —murmuró, desplegando su mapa una vez más. Sus ojos recorrieron las inscripciones—. Veamos... Al parecer, esta es la Avenida del Ganso Dorado. Lo mejor será que empiece a buscar a los Siete Intrépidos...
Un fuerte y poco elegante gruñido proveniente de su estómago interrumpió sus pensamientos. Lia soltó una pequeña risa avergonzada.
—Pero primero, buscaré algo para comer —decidió con una sonrisa.
Se dejó guiar por el olfato hasta un puesto de tacos donde el humo de la carne asada y el vapor de las tortillas calientes eran una tentación irresistible. Mientras esperaba su orden, notó que el ambiente cambiaba a su alrededor. Sintió miradas clavadas en ella; hombres y mujeres la observaban con una mezcla de sorpresa y una admiración casi hipnótica.
"¿Tengo algo en la cara?", pensó, sintiendo cómo el calor del sonrojo subía por su cuello.
La incomodidad empezó a ganar terreno, así que intentó comer rápido para recuperar su anonimato. Sin embargo, al momento de pagar, el dueño del puesto —un hombre de bigote poblado y ojos amables— detuvo su mano con un gesto caballeroso.
—Es cortesía de la casa, señorita —dijo con una cálida sonrisa y voz grave—. Es un honor tener a alguien como usted por aquí.
Desconcertada por la inesperada hospitalidad, Lia agradeció y se internó de nuevo en la multitud. Empezó a preguntar por los Siete Valientes, pero las respuestas eran frustrantes. Nadie parecía darle una ubicación exacta; en su lugar, la gente se desvivía por ofrecerle regalos: zapatos de cuero fino, sedas, comida exquisita, incluso flores frescas. Parecían más interesados en halagar su presencia que en responder a sus preguntas.
Estaba a punto de rendirse cuando, de pronto, la tierra tembló.
Un rugido cavernoso rasgó el aire y la paz del pueblo se hizo añicos. Un ogro gigante, de piel verrugosa y colmillos que parecían estacas, irrumpió en la plaza principal. El pánico fue instantáneo. La gente que antes reía ahora corría en todas direcciones, dejando tras de sí un rastro de gritos y puestos derribados.
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Diferentes e Iguales / Merlin (Finalizada)
Romantik"La flor que florece en la adversidad es la más rara y hermosa de todas". • • • • - El momento en el que encuentres el coraje para dar tu vida por alguien, será el momento en el que finalmente comprendas el amor...
