- Capitulo 2 -

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MEGAN BENNET.

Primer día de escuela = El infierno, disfrazado. Todos se saludaban y contaban como habían pasado su verano. Los grupos se volvían juntar y sentía que jamás hubo un descanso de la escuela.

Recién había salido de mi primera clase, Matemáticas. Era como un castigo esa clase. Me gusta, siempre fui buena en las clases, no importa cual, pero Matemáticas es terrible.

En mi primer descanso decidí ir a ver a Anth.

Anthony, es un chico bastante extrovertido, siempre que lo encuentro esta hablando con gente. Mucha gente. A veces escucho un rumor que alguna chica, o chico, se enamoro de él. Tiene una belleza natural, yo creo que es la paz que porta en si... o tal vez sea sus ojos verdes que son muy llamativos. Seguramente la segunda.

Sabia que estaba en el jardín del patio del colegio.

—Ey tonto. —digo, acercándome a él, quien estaba sentado en una banca en el patio del colegio. Comiendo un sándwich.

—Tus modales son los que te hacen destacar. —Pronuncia con sarcasmo. Al sentarme a su lado lo veo.

—Ya lo sé, ¿Okey? —rio— ¿Por que siempre que te veo, no importa que haya pasado una hora, estas comiendo un sándwich?

—¿Por que son lo mejor que puede existir? —me devuelve la pregunta— La pregunta es ¿Por que no estas comiendo uno? Son lo mejor, literalmente podes poner lo que sea con dos pedazos de pan y va a quedar rico.

Le arrebato su sándwich de la mano y pienso mientras le doy un gran mordisco, sintiéndome contenta al escuchar como Anth se queja de esto.

—No queda rico si es con piña —concluyo mi pensamiento—

—Si... eso es un asco.

Acepta, y le devuelvo el sándwich.

—¿Sigue en pie el plan de hoy? —Pregunto. Con Anthony tenemos la tradición que el primer día de clases debemos hacer una pijamada, lo hacemos desde los seis, que fue la edad que dejamos de querer estar con nuestras madres a la hora de dormir.

—Por mi sí. —Se encoge de brazos.

—Bien. Pero iremos a la fiesta, ¿Verdad?

Le doy una sonrisa. En mi mente, como si tuviera una alarma; me dice que me fije la hora. Alzo mi muñeca y veo el reloj, qué, originalmente era de mi abuelo, Tom, pero, como todo abuelo, murió y decidí quedarme con esto.

—Te veo en una hora, tonto —Siseo levantándome, mientras pongo la correa de mi bolso en mi hombro.

—¿Ya te vas? Ni siquiera sonó el timbre. —Se queja. — ¡¿Pero iremos a la fiesta?! ¡¿Verdad?!

Pregunta mi amigo, pero no muy interesado ya que el sándwich estaría siendo su foco de atención.

—A mi si me gusta ser buena en clases... y... lo pensaré.

Me burlo, mientras me iba. Al apurar mi paso, me gane tiempo para pasar por mi casillero y poder dejar libros que no necesitaba tenerlos en mi bolso. Al abrirlo veo como un papel se cae, lentamente. Me agacho para recogerlo, al pararme abro el papel doblado y leo lo que dice.

"Mañana a la noche. Fiesta en la casa Waud. Ve quiero verte.

J.W".

J.W

Jason Waud.

¿Se habrá confundido? Fue lo primero que pensé. ¿Jason Waud me había escrito y dejado una carta en mi casillero? Dios.

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