Desayuno con el Tripaloski

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-Rusia, ¿me puedo quedar contigo?-preguntó México mientras caminaba a su lado apenas siguiéndole el paso.

-No-respondió fríamente.

-Anda, déjame quedarme esta noche y te doy unos tacos - dijo México.

-No- volvió a responder fríamente. Rusia ya casi llegaba a su casa y México seguía a él pegado como un chicle.

-Porfis, es que mi casa está bien lejos y ya está bien oscuro, no me vayan a navajear-respondió México rogando.

Rusia ya estaba en frente de su casa y con un largo suspiro le respondió a México -Está bien, pero te duermes en la sala-.

-¡Muchas gracias Tripaloski! - México entró corriendo luego de que Rusia abriera la puerta. Parecía niño chiquito viendo toda su casa.

-Que finolis- decía México muy asombrado.

Rusia le aventó una almohada y dos cobijas por si hacía mucho frío más tarde. -Ten y no me despiertes, adiós -

-¡Graciaaas! ¡Buenas noches!-México se quitó su camisa toda pegajosa de las bebidas dulces que le cayeron encima y se también quitó los pantalones.

-Sé que no debo pero mis pantalonsitos se van a arrugar y no puedo permitir eso-susurraba mientras dejaba su ropa colgada en una silla, se fue al sillón, se tapó como taquito y cerró sus ojos para poder descansar pero no sin antes dejar que cayera una amarga lágrima.

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Rusia despertó gracias a un suave y dulce aroma que entraba por su puerta. Se levantó de su cama y fue a la cocina para encontrarse a un México sólo con pantalones.

-¡Rusia! - gritó México emocionado.

-Ah... Hola, México, ¿me puedes decir que estás haciendo? -preguntó un Rusia somnoliento.

-He despertado temprano y pensé que estaría bien darte el honor de que yo, México te prepare unos ricos hot cakes ya que me dejaste dormir aquí - decía México bien orgulloso.

-No ensucies mucho-respondió Rusia y se fue a preparar un café.

México acabó de preparar el desayuno y lo fue poniendo en la mesa. - Ya puedes sentarte y degustar mi gran desayuno-

Rusia se sentó y los probó, no están tan mal como esperaba, eran dulces y suaves, hasta puede sentir un sentimiento cálido al probarlos.

-¿Y bien...? - preguntó México ansioso.

-No están mal-respondió Rusia. Podía sentir los ojos maravillados de México.

Acabaron de desayunar y Rusia se llevó los platos para lavarlos.

-Yo debería de lavar-dijo México detrás de él.

-Es lo único que puedo hacer, ya hiciste todo-respondió Rusia de manera indiferente.

-Entonces...¿Ya me tengo que ir, verdad? -preguntó tímidamente México.

-En efecto-respondió Rusia mientras se sentaba en el sillón a leer.

-Bueno, muchas gracias por dejarme dormir en tu casa-decía México mientras se acercaba a su puerta para irse.

-¡Adiós Rusia! ¡Gracias! -gritó México y luego se fue.

El frío Rusia sonrió un poco después de que se fue el chico tricolor.

-A pesar de tener un corazón roto, sigue sonriendo... -susurró.

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