Portgas D. Ace

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Estar en medio del extenso oceano era gratificante y una experiencia única. El constante oleaje mecía el gran e imponente barco con sutileza, mientras la brisa marina traía consigo pequeñas gotas que daban contra su rostro al estar en cubierta. Sin duda aquel día prometía ser sereno, si no fuera por un miembro en específico que solo lograba sacarla de quicio.

Detrás de la joven, en una zona apartada se encontraban dos de los comandantes observandola de reojo, verla de aquella forma apacible era extraño pero no querían interrumpir aquel momento, aunque cierto comandante tenía otras intenciones. Sus miradas pasaron desde la serena expresión de la joven hasta el chico de cabello negro, quien se acercaba lentamente hacia ella sin hacer ruido. Thatch sonrió sabiendo lo que se avecinaba, por el contrarío Marco simplemente negó fastidiado.

Detrás de ella, el comandante de la segunda división de cabello negro le observaba con una sonrisa burlona, acercó su mano con una pequeña flama sin borrar aquella expresión y sin notar que talvez no estaba siendo demasiado sigiloso.

—¡Fueg-

—¡Ya para de una vez! —lo calló furiosa con una rápida patada sobre su rostro lanzandolo con fuerza a unos metros de ella.

Los tripulantes observaron la usual escena de casi todos los días, solo que esta vez (t/n) parecía más molesta de lo normal, algo que pasó desapercibido para sus colegas a excepción de dos personas. Entre aquel silencio se escuchó la risa del castaño, quien se acerco al igual que su compañero hasta el par de jóvenes.

—¿Que pasa, Ace? ¿No eres lo suficientemente bueno ahora? —preguntó con ironía palmeando la mejilla del nombrado—. Y yo que tenía confianza... -expresó con pena fingida.

—Me debes un belly-yoi —sentenció Marco estando a un lado de (t/n).

La mirada afilada de la joven chica estaba puesta sobre Ace, el cual lentamente comenzaba a incorporarse acariciando la zona de impacto.

—Solo bastaba con gritarme, no era necesario un golpe —dijo Ace fijando su mirada sobre la chica, quien arrugó el entrecejo molesta.

—Agradece que la patada no fue más abajo. Para la próxima prometo lanzarte al mar para que te hundas.

—Apuesto a que lo hace —dijo con prisa Thatch mientras su compañero de apuestas rodaba los ojos y sus comisuras se alzaban en una sonrisa.

Una pequeña sonrisa que desapareció al notar la expresión en la chica a su lado. Su mirada perdida en el pelinegro mientras sus cejas se arqueaban hacia arriba no era común. Suspiró rodeandole por los hombros mientras le lanzaba una mirada hacia el castaño, quien entendió a medias el mensaje.

—¿Vamos a comer algo, pequeña?-yoi —la atrajo con suavidad hacia él mientras caminaban hacia el interior del gran barco. Desde atrás, Ace se preguntaba que sucedía al igual que Thatch, quien no entendió del todo el mensaje.

—Se nota que es la consentida del barco. —se quejó sintiendo una pequeña presión en su pecho al verla cerca del primer comandante.

—Sí, incluso por ti...Esta vez te excediste. —Ace no objeto, puesto que él también lo sintió— Ve con Deuce.

Aquel día no volvieron a encontrarse. Luego de la visita a Deuce y explicarle las cosas salió de la enfermería de la misma forma en la que entró, sin tener una respuesta clara. Por otro lado, (T/n) pasó lo que restaba de la tarde y noche junto a Marco en una de las salas de trabajo que ambos compartían, el rubio leía tranquilamente un libro sobre medicina naturopática en tanto la joven trazaba rutas y arreglaba cuentas para arribar en la próxima isla. El silencio entre ambos era gratificante, pero el comandante aún tenía incertidumbre sobre lo de aquella mañana.

One Piece [One-shots]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora