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DANI
Valen me sonrió y acarició con su mano mi mejilla, su tacto fue frío.
-¿Qué te pasó? -pregunté con voz suave-.
-Me quedé dormido.
-¿Y en la cara? ¿Qué te paso?
-Fue mi primo -susurró-.
-¿Otra vez fuiste a las peleas?
-No, no fui, él me buscó.
-¿Y por qué te pegó?
Tragó saliva y se quedó mirándome a los ojos, entendí que no quería, o no estaba listo para decirme y lo abracé.
-Vení, vamos a mi casa y te ayudo con eso -le agarré la mano y empezamos a caminar-.
-¿Hablaste con tu viejo?
-No, él está de viaje y entonces aprovecho para venir.
-¿Tenés dónde quedarte después?
-Sí, tengo un departamento, es por acá cerca, después vamos si querés.
Llegamos a mi casa, abrí la puerta y vi que no había ninguna llave colgada, mi mamá todavía no llegaba.
Raro.
-Vení, en el baño está el botiquín.
Fuimos hasta el baño y le ordené que se siente en el inodoro, pero no lo hizo. Me abrazó por la cintura y me empezó a llenar la mejilla de pequeños besitos.
-Gracias -susurró y se sentó-.
[...]
-Dale imbécil, dejame que haga el café -le dije tirando manotazos al aire-.
-¿Cómo que imbécil? -hizo un puchero-.
-Ay no, sos un buen imbécil -quise arreglarla-. Un lindo imbécil. Ay, la puta madre.
-Sos tan lindo -agarró mis mejillas y me dio muchos besos-.
-Vamo' a hacer el café, dale -me paré del sillón y fui hacia la cocina-.
Estaba esperando a que termine de hacerse el café cuando entra Valen con una cara de preocupación.