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DANI
Movía mi pierna nervioso. Luego de un abrazo que duró como quince minutos vinimos a sentarnos a una plaza que estaba cerca del hospital, a una cuadra para ser exactos, estábamos en silencio desde que llegábamos. Y lo entendía, obvio, pero no dejaba de ser incómodo.
Sobre todo por la relación que teníamos.
-¿Por qué? -giró su cabeza para mirarme, tenía los ojos hinchados y rojos al igual que sus labios-.
-¿Por qué qué?
-¿Por qué insistís? ¿Por qué te preocupas?
¿Por qué lo hacía? No sé, solo me preocupaba, me interesaba.
Lo miré directo a los ojos y respondí un simple
"No se"
-¿Cómo que no sabes? Te metes en lugares peligrosos, ¡Hasta te podrían matar! ¿Y no sabés?
-Es que te juro que no lo sé, tal vez me interesa el saber porqué lo hacen -bajé mi vista al suelo pensando-.
-Deberías dejar de hacerlo -susurró y corrió su vista a los árboles-.
Asentí con la cabeza y nos quedamos un rato en silencio. No quería preguntar sobre su mamá, entendía que no quiera contarlo, no teníamos confianza.
-Se está haciendo tarde y vos vivís lejos de acá -mencionó parándose del banco de aquella plaza-.