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El sol comenzaba a filtrarse suavemente por las cortinas cuando Daniel despertó, sintiendo la calidez de los primeros rayos de la mañana acariciar su rostro. Parpadeó con pereza, su vista aún algo borrosa, hasta que notó una bandeja apoyada en la cama, cuidadosamente acomodada frente a él. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios mientras se incorporaba, estirándose con calma.
Se levantó solo para abrir la ventana, dejando que la brisa fresca de la mañana entrara en la habitación. El aroma del desayuno preparado con cariño le llegó con el viento. Volvió a la cama, esta vez apoyando la espalda contra la pared y tomó la bandeja con cuidado, colocándola sobre sus piernas. Había un café caliente, unas tostadas y frutas, pero lo que más llamó su atención fue un sobre blanco, doblado con esmero, colocado justo al lado del plato.
Con curiosidad, desdobló la hoja y reconoció de inmediato la caligrafía un poco desprolija pero tan familiar de Valentín. Al leer la primera línea, sintió que su corazón daba un vuelco.
DANI:
Escribo esto porque no soporto el no poder decirte "feliz cumpleaños" a penas te despiertes. ¿Te cuento algo? Nunca escribí una carta. No sé la manera correcta de hacerlo, pero este es mi intento, todo por vos amor.
Hoy puedo decir, sin dudarlo, lo feliz que me hace tenerte a mi lado. Dormir abrazado a vos, despertarme y verte ahí, poder besarte y recordarte lo mucho que te amo. Sos mi paz. Me hace increíblemente feliz el ver tu sonrisa, la forma en la que tus mejillas se ponen coloradas cuando te halago, cómo brillan tus ojitos cuando estas emocionado... Me haces feliz, Dani.
Yo solía ser de esas personas que creían imposible amar tanto a alguien, hasta que llegaste vos. Vos, que me miraste con ternura, que me quisiste incluso cuando yo no sabía cómo quererme. Me enseñaste lo que es sentirme seguro y amado, de una forma que jamás había experimentado.
La rapidez con la que entré en confianza con vos es increíble Transmitís tanta seguridad, tanta paz... Quiero tenerte a mi lado toda la vida, porque cuando nos separamos, me siento solo. Te extraño de una manera que duele, y no puedo evitar pensar en abrazarte, en besarte, en tenerte cerquita otra vez.
¿Qué me hiciste daniel? Porque yo no creo en hechizos ni amarres, pero con vos... con vos todo se siente como magia.
Mientras te escribo esto, estoy sentado en el escritorio, viendo como dormís. Te ves tan angelical, tan perfecto... Pero cuando leas esta carta, yo ya voy a estar en el micro, rumbo al show y pensándote como siempre hago. Porque sos mi motivación, mi razón para querer superarme, para ser la mejor versión de mí.
Me enseñaste que la vida no es tan oscura como parecía y que, aunque el camino no es fácil, hay personas que valen la pena para cruzarlo. Hoy estoy feliz de cruzarlo con vos, de tu mano.
Gracias, Dani. Por todo lo que hiciste por mí, por ser mi hogar.
Te amo mucho, bebito hermoso. Feliz cumple.
VALU.
Daniel no pudo evitar soltar un suspiro entrecortado mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. El papel temblaba levemente entre sus manos, y su corazón latía con fuerza, completamente desbordado de amor.
Sin pensarlo, agarró su teléfono y marcó el número de Valentín.
-Amor... -la voz de Valen sonó al otro lado, suave, somnolienta-.
Daniel no pudo contener el sollozo que se le escapó.
-Valentín... ¿Cómo podes hacerme esto? ¿No ves que ahora quiero llenarte de besos y abrazos?
Valentín, por su parte, rió con ternura al escuchar ese tono quebrado.
-Perdón, gordo... pero no quería saludarte con un simple "feliz cumple" por llamada o mensaje. Quería que sientas lo importante que sos para mí, aunque no pueda estar ahí hoy.
Dani se mordió el labio, sonriendo entre lágrimas.
-Que sepas que cuando vuelvas, me vas a tener pegado a vos y no te voy a soltar nunca.
-Mmm... mejor para mí entonces -contestó Valen con esa voz suave que tanto lo derretía-. Pero ahora tengo que cortarte, amor. Me esperan para la prueba de sonido.
-Esta bien... Suerte en el show, hermoso. Te amo.
-Te amo más, bebé. Siempre.
Hablando un par minutos más, finalmente cortaron la llamada. Daniel se quedó un momento en silencio, abrazando la carta contra su pecho antes de levantarse para comenzar su día. La tarde sería especial: sus amigos iban a visitarlo, y quería estar lo mejor posible. Pero nada, absolutamente nada, se compararía con el momento en que volviera a ver a Valentín.
[...]
Eran las cuatro de la mañana cuando el sonido de un auto estacionando en la calle rompió el silencio de la noche. Daniel estaba sentado en la vereda, abrazándose las rodillas, disfrutando del fresco aire nocturno y del aroma suave a tierra mojada tras una leve llovizna.
Las estrellas titilaban sobre él cuando escuchó la voz más hermosa del mundo.
-Hola, amor...
Levantó la mirada y allí estaba Valentín, bajando del auto, visiblemente agotado pero con una sonrisa radiante al verlo.
Dani se puso de pie de inmediato, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho.
-Viniste...
-Ya no es tu cumpleaños, pero no podía no estar con vos... -Valentín se acercó despacio, acortando la distancia entre ellos hasta poder tomarle el rostro con ambas manos. Lo besó con tanta ternura que Daniel sintió las rodillas tmeblarle-. Dios, te extrañé tanto.
Se abrazaron fuerte, y Valentín escondió el rostro en el cuello de Dani, respirando profundamente, como si necesitara grabar en su memoria ese instante.
-Prometí que cuando volvieras, no me iba a despegar de vos... -susurró Dani, besándole suavemente el cabello-.
-Mejor para mí.
-Vení, entremos a casa.
Valentín cerró los ojos con una sonrisa antes de dejar un beso suave justo sobre el latido del corazón de Daniel.