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VALEN
Corrí hacia la plaza a la que íbamos siempre con las peleas, estaba agitado y sentía que iba a desmayarme, mi estado físico nunca fue el mejor. Miré hacia los costados y crucé la calle, podía estar apurado pero no quería morirme.
Se ve que hoy era un día para correr.
Divisé a lo lejos la ronda de siempre, corrí un poco mi vista y vi a un chico de baja estatura acercarse haciendo que corra con más fuerza.
-¿Qué hacés? -le pregunté a Daniel agarrándolo por los hombros-. ¿Estás loco?
-Estoy harto, estoy cansado de que el pelotudo ese se crea el más pijudo cuando es un imbécil, ¿Quién se cree que es para ir amenazando, grabando y siguiendo a la gente?
-Ya, a mi también me molesta pero..
-Pero vos sos uno de esos -dijo enojado. A los pocos segundos su rostro cambió y me miró con ¿Preocupación? ¿Lástima?-. No quise decir eso..
-Tenés razón, yo soy uno de ellos, solo que yo lo hago por una razón y sí me arrepiento, ellos no.
-Valen, no quise decir eso -buscó con desesperación mis manos y yo las llevé detrás de mi espalda-.
No estaba enojado con Dani, estaba enojado conmigo, ¿En qué momento me pareció buena idea meterme en esto?
Los gritos y ruidos de golpes empezaron a escucharse, haciéndome saber que la pelea ya había empezado.
Dejé a Dani y me acerqué a la ronda.
-¿Trajiste a tu novio? -preguntó mi primo, apoyándose en mi hombro-.
-No es mi novio -contesté molesto mientras lo empujaba levemente-.
-¿Vos decís? -asentí con la cabeza-. Menos mal, digo, no creo que quieras decepcionar a toda la familia, ¿No?
-Cerra el orto, pelotudo -lo empujé con fuerza y empecé a caminar hacia mi casa, ya me molestaba estar en el mismo lugar que Gerónimo-.
-Val, ¿Pasó algo? -preguntó Dani al verme irme así de enojado-.
-No -le respondí seco y apresuré el paso-.
Me dolió ver la expresión de tristeza que tomó su cara. Pero tampoco podía hacer algo. Estaba enojado, mis errores del pasado no me permitían ser feliz en el presente y solo podía ver cómo arruinaba a los que quería.
Además, algo me había dolido que piense así de mí. Por mucho que él prometa que no quiso decirlo, por algo ese pensamiento surgió en su cabeza. Y me dolió, porque pensé que por fin podía hacer algo bien y veía que no.