Un rubio suspiro cansado mirando la ventana del auto que era conducido por su hermano, aburrido de tener que ir a esas fiestas que a su pareja tanto había extrañado con el paso del tiempo. Maldijo una y otra vez esa parte de él, la que nunca se podía negar a lo que le pedían, especialmente cuando hacían esos tiernos pucheros que le estremecían.
—Fuck! Odio eso, ¿y si la cago?— Parecía preocupado por la festividad.
—No lo harás, todo irá bien, solo habrá unas cuantas cervezas y bocadillos, nada más. No te preocupes tanto.— El canadiense dio un suave golpe en el hombro de él mayor intentando consolar su desánimo.
—Supongo... Sí, sólo es cerveza, he tomado cosas peores, todo irá bien.
Los ánimos habían vuelto a su cuerpo, se incorporó y le revolvió el cabello al pelirrojo quien reía un tanto fastidiado.
...
—No sólo es cerveza, ¿no?
La música sonaba tan alto que la pregunta del colombiano no fue escuchada por el de habla portuguesa quien veía orgulloso su creación. Volvió a formular dicha pregunta pero con un tono más fuerte haciendo que el brasileño lo mirará.
—... Nop.
Una expresión de disgusto memorable apareció en el rostro colombiano, y por un ataque inconsciente de ira tomó el cuello de la camisa del contrario acercandolo mas a su rostro para que pudiera ver su enfado con claridad.
—¡Eres un idiota, esto va a salir mal y lo sabes!— Lo agitó un poco intentando hacerlo recapacitar de su decisión pero no lo logro, solo lo hizo reír.
—Tranquilo, todo irá bien. Si algo pasa me haré personalmente responsable.
La seguridad que emanaba este era tan grande que hizo que pareciera un cretino. Airado el cafetero dejó la habitación y fue hasta la cocina por una cerveza, necesitaba un poco de paz, después de todo el fuerte ruido, la gente gritando, bebiendo y bailando no lo ayudaban a pensar con claridad.
Busco entre los pequeños refrigeradores y sacó una de esas dichosas bebidas que tanto necesitaba, la abrió y le dio un gran trago a esta. Suspiro y se sentó en el frío suelo haciéndolo relajar un poco, pero su dichosa paz no fue por siempre, pues aquella puerta de madera fue abierta por un frío alemán quien parecía ajeno a toda esa festividad, siendo claro por su forma tan formal de vestir.
Se miraron un momento, pero a la idea del latino, ese "momento" no fue más que un desgarrador, incómodo y exorbitante rato, pues se decía a su mismo que carencia de emociones en su rostro, acompañado de una mirada extremadamente fría y profunda, se hacía interminable su estadía con él. Se paró del suelo y volvió nuevamente a la sala donde tantos escándalos se darían si no fuese porque no había ni un paparazzi cerca.
Fue hasta la entrada principal y encontró a un canadiense estacionando su auto, acompañado por nada más ni nadie menos que por su querido americano. Cuando ambos salieron corrió hasta los brazos de su amor y le dio un suave y dulce beso en sus labios, un acto tan dulce que hasta el canadiense envidiaba de su hermano.
—¡Amor, por fin llegaste!— Habló radiante el menor.
—Yup!— Contento devolviéndole el beso mientras lo abrazaba con dulzura de su cintura, apegándose a él.
Luego de un momento de recapacitación, ambos se separaron, habían olvidado ser discretos pero nuevamente volvieron a ser lo que solían ser, una pareja desapercibida.
—Vengan, entremos, será divertido.— Dijo un pecoso llevando a la pareja abrazandolos.
...
Unas horas pasaron, unas "emocionantes" horas se fueron volando en cuanto en las bebidas unas pastillas se disolvieron dentro de los tragos.
Gracias a esto, el ambiente se volvía cada vez más caliente; la gente bailaba y se quitaba la ropa, otros se besaban y en algunos casos se podía ver cómo se llevaban de la mano hasta otra habitación completamente excitados.
Era el cielo para unos pero el infierno para otros, en especial para el cafetero quien se la pasaba yendo de un lugar a otro ayudando a la gente que la pasaba mal, estaba tan ocupado que con cada persona que veía mal el estrés se apoderaba de él, pero el colmo de los males llegaron al ver a su niña, su pequeña niñita, a la que había criado solo y luego fue arrebatada por alguien más; tirada en el suelo en ropa interior, llena de vómito y chupetones por todo su cuerpo. Aquel escenario fue tan degradante que quería matar a quien lo había hecho, ¿es posible que alguien sea tan cruel como para dejar a un hermosa muchachita en sin ropa y tirada como si de un muñeco se tratará? No. Es inaudito e indignante.
Corrió hasta ella, y la alzó en sus brazos la llevó a un cuarto y la dejó en una cama, acarició su mejilla y beso su frente mojada de sudor. Quería llorar, ¿por qué alguien querría hacerle eso y en especial a ella? No pensó más y busco de entre los cajones un trapo con el cual limpiarla. Al terminar de limpiar todo el líquido se recostó en la cama agotado con aquel sucio trapo en la mano, cerró sus ojos intentando descansar un poco pero, dicho descanso fue interrumpido por el carraspeo de alguien.
Abrió rápidamente e intentó tapar a la menor con su propio cuerpo.
—¡¿Que putas haces acá?!— Pregunto hostil.
—...Toma— extendió unas cuantas prendas. —Son de mi hermana, eh, s-son casi de la misma talla... Pero creo que le quedara un poco más grande— Dejó la ropa en el lecho sin mirar a ninguno de los dos. — Espero que sirva de algo. — Un pequeño pero notorio sonrojo se asomo en las mejillas del ruso, salió lentamente y cerró la puerta tras él.
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𝐀𝐌𝐎𝐑 ❝🇷🇺×🇨🇴❞
Fiksi PenggemarJamás fue suficiente para él, jamás quiso involucrarse en algo así, lo único que quería era estar con alguien que lo apreciara, y ese mexicano nunca lo amara como él necesitaba.
