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Valentín estaba atónito, mirando la pantalla de su celular, los dedos moviéndose con rapidez mientras escribía. A su lado estaba su mejor amigo, Mateo, quien lo miraba con una mezcla de fastidio y resignación, tamborileando los dedos contra la mesa.
-Valentín, soltá el celular un rato -dijo finalmente, frunciendo el ceño-.
Al ver que su amigo ni siquiera reaccionaba, Mateo chasqueó la lengua y, sin previo aviso, le arrancó el teléfono de las manos.
-Dame bola, estúpido. Vine a hablar con vos, no a verte metido en el celular.
Valentín parpadeó, sorprendido, y se lanzó a recuperar su celular.
-¿Qué te pasa? -protestó-. Estaba escribiendo un tweet, ya lo dejo.
Mateo bufó y levantó el teléfono en el aire, alejándolo de su alcance.
-¿Para qué? ¿Para subir otra de esas frases que ninguno se dice en la cara?
-¿Eh?
-Sí, boludo. Ustedes son muy "El amor de mi vida", "Te rompo todo" en redes, pero en la vida real se cruzan y ni se miran. Son unos cagones.
Valentín entrecerró los ojos y cruzó los brazos, inclinándose sobre la mesa. Largó una risa sarcástica, que confundió a Mateo.
-¿Y vos con Manu?
Mateo apretó los labios en una línea tensa.
-Si me prestaras atención, lo sabrías.
Valentín lo miró con una sonrisa ladeada y, con un leve empujón en el hombro, intentó sacarle alguna reacción.
-Dale, contame.
Mateo lo observó un instante, como si estuviera evaluando si realmente valía la pena decir algo. Luego suspiró con exageración y puso cara de ofendido.
-¿Me vas a prestar atención esta vez?
-Sí, boludo, dale.
Mateo se acomodó en la silla, dispuesto a hablar, pero en ese momento sonó una notificación en el celular de Valentín. Él estiró la mano automáticamente para agarrarlo, pero Mateo fue más rápido y lo escondió detrás de su espalda.
-¡Eh! ¡Dámelo!
-Decime, ¿quién es el cagón ahora?
[…]
Dani estaba encorvado sobre su celular, deslizándose de una historia a otra sin realmente prestar atención a ninguna. Su sonrisa se ensanchaba cada tanto cuando veía un comentario divertido, pero el resto del tiempo su rostro reflejaba una seriedad absoluta.
-¡Daaaani! -la voz de Manu lo sacudió de golpe-.
Dani sintió cómo lo zarandeaban levemente del brazo y gruñó, sin despegar la mirada de la pantalla.
-Ya va, bebé, dos minutos más…
Manu resopló y, sin más, se dejó caer pesadamente sobre su hombro.
-Dejá de chamuyarte a Oliva y prestame atención -se quejó, apoyando la cabeza contra él-. Quiero contarte lo de Teo.
El nombre hizo que Dani alzara la vista por primera vez en varios minutos.
-¿Ya son novios?
Manu hizo una mueca ambigua, ladeando la cabeza.
-Mmm… no.
Dani frunció el ceño y dejó el celular sobre la mesa, como si aquello requiriera toda su concentración.
-¿Cómo que no? -lo miró con incredulidad-. Son más lentos…
Manu abrió la boca, ofendido, y sin previo aviso, le dio un golpecito en la cabeza.
-Mirá quién habla.
Dani chistó y puso cara de indignación, sobándose la cabeza.
-Shh.
-Eso te pasa por boludo.
Los dos se miraron un momento antes de romper en risas, con Manu todavía apoyado sobre el hombro de Dani.
-En serio, contame -dijo Dani, recobrando la compostura-. ¿Qué pasó ahora?