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VALEN
Estaba tirado en el sillón, con la cabeza apoyada en el respaldo y los ojos fijos en la pantalla del celular. Los pibes habían planeado una joda en la casa de Lombardo, y el grupo estaba explotando de mensajes. Memes, audios y la eterna discusión de quién iba a llevar el alcohol.
La luz azul del teléfono me tenía medio ido cuando sentí una mano en el hombro. Alcé la vista, sin mucha expectativa, pero en cuanto vi de quién se trataba, el celular pasó a segundo plano. Lo solté sin pensar y me levanté de golpe.
-¡Enano! -exclamé, envolviéndolo en un abrazo fuerte-.
Gran sorpresa me llevé cuando no recibí ni un insulto ni un golpe por llamarlo así. Ni siquiera un bufido molesto. Solo respondió el abrazo con la misma intensidad.
-¿Y a mí no me abrazás, forro? -interrumpió Mateo con falsa indignación, haciendo que me riera-.
-Que te abrace Manu.
Mateo me miró con los ojos abiertos, señalando disimuladamente a Dani con la cabeza.
-¿Vos te creés que Manu no le debe haber contado?
-Pero igual, cerrá el culo -me respondió, dándome un golpe en el hombro antes de que pudiera decir algo más. Solté una carcajada y lo abracé también-.
Dani, que hasta ese momento había estado observando con los brazos cruzados y una sonrisita burlona, aprovechó el momento para aclarar que yo no había metido la pata.
-Igual no hace falta ni que cuenten nada, se re nota.
Me alejé un poco de Mateo y lo miré con fingida sorpresa.
-¿Y ustedes?
Dani se encogió de hombros con aire despreocupado.
-Ah, pero nosotros nunca ocultamos ni negamos nada.
-Ja, claro… -solté con burla, dándole un codazo leve-.
Dani frunció el ceño con una sonrisa y me pegó en el brazo, pero no dijo nada más. Aunque los dos sabíamos que no era cierto. Varias veces habíamos negado cualquier tipo de atracción entre nosotros, como si fuera algo impensado. Pero yo, al menos, no podía engañarme. Lo sentía y no me iba a echar para atrás.
-Llegó Manu -avisó Teo, revisando su celular-. Ya vuelvo.
Dicho eso, desapareció rumbo a la entrada.
Aproveché el momento y volví a girarme hacia Dani, rodeándolo con los brazos en un nuevo abrazo.
-Te extrañé -murmuré contra su cuello, oliendo su perfume que tanto adoraba-.
Dani rió suavemente.
-Nos vimos hace relativamente poco.
Me separé apenas y lo miré con un puchero.
-¿Vos no me extrañaste?
Dani me observó con una mezcla de ternura y diversión antes de tironearme las mejillas.
-Sí te extrañé, bobo.
No pude evitar sonreír. Pero antes de que pudiera responder, me agarró de la mano y tironeó de mí con decisión.
-Ahora vení, que quiero tomar algo.
Dani me guió hasta la barra sin soltar nuestras manos, como si fuera lo más natural del mundo. La música sonaba fuerte, pero en ese momento fue como si todo lo demás pasara a segundo plano.
-¿Qué querés tomar? -preguntó, soltándome solo para apoyar los codos en la barra y mirarme de reojo-.
-Lo mismo que vos -respondí sin pensar, más concentrado en la forma en que la luz tenue le marcaba los rasgos-.
Dani levantó una ceja con una sonrisita y le pidió dos tragos a Mauro. Mientras esperábamos, se giró un poco hacia mí, cruzando los brazos.
-¿Siempre tan pegote vos? -preguntó con tono burlón-.
-¿Te molesta? -me acerqué apenas, inclinándome sobre la barra para que solo él pudiera escucharme-.
-Mmm… no sé, capaz un poquito… -su voz tenía esa nota traviesa que me hacía sonreír como un idiota-.
-Mentiroso.
Dani se rió bajo, negando con la cabeza, y en un movimiento casual, apoyó la mano sobre mi brazo. No era gran cosa, un toque leve, apenas perceptible. Pero me quemó.
Nos pasaron los tragos y cada uno agarró el suyo. Cuando Dani dio el primer sorbo, no pude pasar por alto el poco de espuma que le quedó en el labio.
-Pará -dije sin pensar-.
Antes de que pudiera moverse, levanté la mano y le pasé el pulgar por la comisura de los labios. Un gesto simple, casi automático. Pero Dani se quedó quieto, observándome con una intensidad que me dejó sin aire.
Por un segundo, todo pareció ralentizarse. La música se volvió un eco lejano, la gente a nuestro alrededor dejó de existir. Solo éramos él y yo, con la tensión flotando entre los dos, tan palpable que casi podía tocarla.
-Gracias -susurró, sin apartar la mirada-.
Tragué saliva y bajé la mano lentamente.
-De nada.
Dani sonrió, pero esta vez de una forma distinta. Más suave, más real. Y antes de que pudiera reaccionar, deslizó su mano hasta la mía y entrelazó nuestros dedos bajo la barra, lejos de las miradas curiosas.
No dijo nada. No hacía falta.
Solo nos quedamos así, juntos, con las manos unidas, como si el mundo entero nos sobrara.
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