Capitulo 4: Lizzie

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Zack me lleva a los pupitres que ha guardado para nosotros.

Lo está volviendo ha hacer. Está volviendo a pasar.

Está volviendo a comportarse como si sintiera lastima por mí.

No soporto que la gente me tenga lastima. Como tiene miedo de que de repente vuelva a derrumbarme se comporta de una forma sumamente sobre protectora. Como si yo fuera una muñequita de porcelana y al mínimo movimiento pudiera romperme en mil pedazos. Aunque es posible que lo haga, sé que no ocurrirá. No me desmoronaré con toda la clase delante, eso sería destruir la reputación que me e forjado. Eso no puedo ocurrir. 

Pero sé que lo hace con su mejor intención. Se que lo único que quiere es que no sufra más, que no vuelvan a hacerme daño. Siempre ha sido así.

Desde cuando íbamos al colegio me veía con moratones y cardenales mal tapados por los brazos y la cara.

Siempre ha sido un gran apoyo para mí, él y Nikki son las personas que mejor me conocen.  

Por eso cuando mueve la silla hacía detrás para que me siente le sonrío calidamente y cojo su mano sobre la mesa.

-  Estoy bien, Zack.

-  Lo sé.

Nuestra conversación termina ahí. No porque no queramos hablar más, sino por que a mi mente empiezan a llegar imágenes.

Todo empieza en una sala blanca sin ninguna ventana. En una especie de camilla están puestos ocho bebes. De repente una especie de humo se apodera de la sala. Yo lo veo todo desde fuera. La imagen cambia. Ahora se ve un lago. Un lago con el agua azul totalmente calmada. Veo una niña de pelo castaño no muy oscuro jugando en la orilla. El viento azota sus trenzas moviéndolas de lado en lado. De repente la dulce voz de una mujer se oye entre la melodía propia del lago.

-  Elizabeth, ven cariño. Nos vamos a casa.

Esa voz… esa voz me es demasiado familiar. Vuelvo a mirar al lago que se empieza a desvanecer ante mí. Yo e estado aquí. Esto es un recuerdo. Casi lo juraría. Empiezo a sentir que mis vías respiratorias empiezan a cerrarse entes de que la imagen cambie completamente. Ahora estoy en una habitación. No, estoy en mi habitación en la que una vez fue mi casa. Me veo a mi misma sentada en el suelo con la cabeza entre las rodillas, estoy sentada en el hueco entre el armario y la ventana. En el sitio en el que me sentaba después de oír como mi padre comenzaba a pegar a mi madre. Aprendí a las malas que era peor si intervenía. Comienzo a sentir como no puedo respirar y lo normal sería que mi vista se nublara, pero sigo viendo perfectamente. La puerta de la habitación se abre y la yo de ese momento no puede evitar sacar la cabeza de entre sus rodillas. Veo como el hombre al que una vez le llamé papá se acerca a mí, bueno la yo de entonces. Quiero moverme, impedirle acercarse pero no puedo. Estoy paralizada, no se si del miedo o por que apenas puedo respirar. Entonces grito. Pero ninguna de las dos personas de la habitación me escucha, porque el grito no consigue salir de mí. La habitación empieza a dar vueltas, la imagen se nubla y antes de que pueda evitarlo me derrumbo en esa habitación.

-  Creo que ya vuelve en si- oigo que dice el eco de una voz que no consigo reconocer. Otras voces le hacen coro. Poco a poco abro los ojos.

Diferentes: PoderososDonde viven las historias. Descúbrelo ahora