Especial TaoRis

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Fue a mitad de la primavera que Wu YiFan se decidió a secuestrar a Tao y llevárselo a vivir con él. El joven panda no pudo negarse (literalmente) porque el mayor entró de manera abrupta a su casa y lo reclamó como pertenencia suya frente a sus padres, a lo que ellos simplemente sonrieron y asintieron, lo enterraron vivo.

La convivencia con Kris era pesada, pasional, escalofriante incluso, y es que el mayor se las arreglaba para tener su nariz metida en todos los asuntos de su novio.

Tao simplemente se dejaba hacer, a veces lo espantaba un poco pero finalmente se acostumbró a esa extraña actitud. Se acostumbró a las veces que el mayor lo sorprendía con flores y chocolates. Se acostumbró a los restaurantes caros y poco iluminados. Se acostumbró a la suite presidencial del hotel más caro de todo Seúl. En fin, se acostumbró a la vida que Kris le ofrecía, porque era con él con quien compartía cada momento.

En una ocasión, a principios de la primavera, Kris lo sorprendió en el gimnasio mientras terminaba su solitaria práctica de Wushu. Los ojos de YiFan estaban vidriosos y oscuros esa tarde, y Tao creyó sentir como el aire se volvía más pesado y caliente. El baño del gimnasio era amplio y estaba bien dotado de casilleros, duchas, lavabos y espejos; Tao nunca pensó que ese lugar quedaría profanado en esa tarde por sus quejidos y gemidos, y por los gruñidos y obscenidades que salían de la boca de Kris. Desde ese día aquel se convirtió en su lugar de encuentro casual.

Cuando los dos estaban en casa Tao cocinaba y Kris le ayudaba en lo que pidiera; a veces ni siquiera la cocina era un lugar para estar a salvo de los deseos del mayor, pero Tao no oponía resistencia porque también lo deseaba con locura. Pensarán que eso los llevaría a tener una vida rutinaria, pero no es así. Todos los días era una nueva aventura, nuevos lugares para conocer, nueva comida que probar. Cada día lo convertían en una historia diferente que contar.

La primavera estaba menguando y dejaba que los aromas frutales invadieran la mansión. Esa tarde Tao se encontraba solo en casa viendo televisión; Kris había salido con Suho para hacer quien sabe qué y le dijo que regresaría en la noche. Tao se hubiera dado a la tarea de suspirar porque lo extrañaba, si no fuera porque cada 5 minutos recibía un mensaje nuevo del mayor.

 

<< ¿Cómo estás? >>

<< ¿Qué haces? >>

<< ¿Has comido bien? >>

<< ¿Me has extrañado? >>

Hasta que llegaba su mensaje favorito.

 

<< Te amo. >>

La noche llegó y con ella Kris lo hizo también; eran las 9:30pm cuando entró en la casa y caminó hasta su habitación, encontrándose con un Tao somnoliento que veía televisión con desinterés.

-¡Oh!- El joven se sorprendió al ver a Kris recostado contra el marco de la puerta y con sus ojos puestos en él.- No te sentí llegar.- Se levantó de su lugar y se acercó al mayor para darle un casto beso de bienvenida.

-Acabo de entrar.- Sonrió y abrazó la cintura del menor apegándolo más a su cuerpo.- Quiero decirte algo.- Sus ojos viajaban por el rostro de Kris tratando de descubrir si lo que quería decir era bueno o malo.- Cásate conmigo.- Su corazón dejó de bombear sangre por un momento, solo para comenzar a latir con una fuerza increíble, casi chocando con sus costillas.

-YiFan… ¿hablas enserio?- Su boca se curvó en una sonrisa amplia y Kris respondió de igual manera.

-Sabes que odio las bromas Tao.- Fue su respuesta antes de besar a su ahora prometido y llevarlo a la cama para continuar con su ritual diario.

 

<< Te amo >> Ese era, es y será su mensaje favorito.

El Peor Día De Mi VidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora