A pocos pasos, una hilera de máquinas de garras captó la atención de Yan Qing Chi. Notó que dos de ellas, más pequeñas y con una disposición diferente, parecían diseñadas especialmente para niños.
Se inclinó hacia Qi Qi. —¿Te gustaría atrapar un peluche?
Qi Qi se acercó, curioso, y señaló un cachorro blanco dentro de una de las máquinas.
—¿Ese te gusta? —confirmó Yan Qing Chi, con una sonrisa amable.
Qi Qi asintió tímidamente.
Yan Qing Chi le entregó una ficha. —Inserta esto en la ranura y usa esta palanca para atrapar el peluche —explicó, guiándolo con paciencia.
Qi Qi siguió las instrucciones, colocando la ficha y moviendo la palanca. Era su primera vez, y la garra apenas rozó el peluche antes de que el tiempo se agotara.
Miró a Yan Qing Chi con desconcierto.
—No te preocupes —dijo Yan Qing Chi, insertando otra ficha—. Inténtalo de nuevo.
Qi Qi agarró la palanca con decisión, pero el peluche se le escapó otra vez.
Yan Qing Chi observó la máquina y señaló una tortuga pequeña que parecía más fácil de atrapar. —Prueba con esta.
Qi Qi, obediente, dirigió la garra hacia la tortuga. La levantó un instante, pero el peluche cayó de nuevo.
No dispuesto a rendirse, Qi Qi se giró hacia Yan Qing Chi. —Otra vez —pidió, con un brillo determinado en los ojos.
—Claro —respondió Yan Qing Chi, sonriendo mientras insertaba otra ficha.
Qi Qi maniobró la palanca con concentración, sus ojos fijos en la tortuga. Cuando la garra la levantó, la guio con cuidado hacia la salida. Pero justo antes de llegar, la tortuga se deslizó y cayó.
—Otra vez —insistió Qi Qi, dando una palmada y soltando un bufido frustrado antes de volver a intentarlo.
Yan Qing Chi lo observaba, divertido. La intensidad de Qi Qi, con los labios fruncidos y los ojos pegados a la máquina, era contagiosa. Sin darse cuenta, él también comenzó a sentirse ansioso por el resultado.
Finalmente, la garra alcanzó la salida. Qi Qi presionó el botón de liberación con rapidez, y la tortuga cayó al compartimento. El pequeño se agachó, radiante, para recogerla.
La tortuga, del tamaño de su palma, fue examinada con entusiasmo. Qi Qi la agitó de un lado a otro, estudiándola con atención, y luego, con una sonrisa tímida, se la ofreció a Yan Qing Chi.
—¿Para mí? —preguntó Yan Qing Chi, sorprendido.
Qi Qi asintió, sus ojos de gato curvados por la felicidad.
Yan Qing Chi tomó la tortuga y la apretó suavemente. —Es adorable. Qi Qi, eres increíble.
Qi Qi inclinó la cabeza, sonrojándose.
—Como me regalaste un peluche, yo también te daré uno —declaró Yan Qing Chi.
Observó las máquinas y le preguntó a Qi Qi: —¿Cuál te gusta? ¿O quieres ese cachorro?
Qi Qi levantó la mirada y señaló una oveja blanca, algo más grande.
—Muy bien —dijo Yan Qing Chi, insertando una ficha.
Probó la palanca para familiarizarse con la máquina y apuntó a la oveja. Qi Qi se acercó, pegando la cara al cristal con expectación. Pero la oveja cayó antes de llegar a la salida.
Qi Qi lo miró, decepcionado. Yan Qing Chi le ofreció una sonrisa tranquilizadora. —No te preocupes, la próxima será.
Qi Qi asintió con un murmullo resuelto.
Tras un intento, Yan Qing Chi dominó la máquina. Con la destreza de años de experiencia en juegos de garras, atrapó la oveja con facilidad y se la entregó a Qi Qi. —Me diste una tortuga, yo te doy una oveja. Es tuya.
Qi Qi, abrumado por la emoción, lo miró con los ojos muy abiertos, como si no terminara de procesar su éxito.
Yan Qing Chi se inclinó hacia él. —¿Quieres otro?
Qi Qi señaló un osito dentro de la máquina. Yan Qing Chi lo atrapó sin demora.
Luego, Qi Qi apuntó a un conejo. Mientras Yan Qing Chi lo ayudaba a capturarlo, dijo: —Este será el último. Si no, tendremos demasiados y no podremos llevarlos a casa.
Qi Qi asintió, satisfecho, abrazando sus tres peluches con esfuerzo.
Yan Qing Chi sonrió al verlo luchar con los juguetes. Había muchos peluches, pero prefirió no exagerar. A veces, lo mejor no era tener más, sino lo justo.
Con los peluches en mano, se dirigieron a otra sección del parque. Como muchos juegos eran solo para niños, Qi Qi eligió actividades simples en las que pudieran participar juntos. En una de ellas, dibujó, ensuciándose la ropa y las manos con pintura. Miró a Yan Qing Chi con nerviosismo.
Yan Qing Chi extendió sus propias manos, también manchadas, y las alineó con las de Qi Qi. —Qué desastre —dijo con una risita.
Qi Qi lo observó, expectante. Yan Qing Chi sonrió. —Vamos, lavémonos las manos.
Tras un día de juegos, el hambre los alcanzó. Yan Qing Chi envió un mensaje por WeChat a Jian Mo Chen, preguntando si regresaría a casa para comer.
Jian Mo Chen respondió: [No]
Yan Qing Chi miró a Qi Qi. —¿Prefieres una olla caliente o verduras salteadas? —Hizo una pausa, pensativo—. ¿O tal vez hamburguesas y pollo frito?
Qi Qi, indeciso, lo miró en silencio, sin saber cómo responder.
Yan Qing Chi, siempre paciente, repitió con calma: —Olla caliente, verduras salteadas, o hamburguesas y pollo frito. ¿Qué te gusta más, Qi Qi?
Qi Qi apretó los labios, inseguro. Temía elegir algo que no le gustara a Yan Qing Chi. Recordó las palabras de la directora del orfanato: “Sé bueno. Escucha a papá Jiang. No hagas ruido”. Y luego: “Haz lo que le gusta a papá Jiang, no lo que no le gusta”.
Qi Qi había asentido, prometiendo ser obediente. Había visto a Xiao Jing, una compañera del orfanato, llorar desconsolada porque hablaba demasiado y su nueva madre decidió no adoptarla. Qi Qi no quería ser como ella. Se había jurado no hablar de más, ser el niño que sus nuevos padres quisieran, para no volver al orfanato.
Ahora, mirando a Yan Qing Chi, no sabía qué elegir. No conocía sus gustos, y el miedo a equivocarse lo paralizaba.
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TITFED-SF
RomansaTítulo: Transmigrated into the Film Emperor's Death-Seeking Fiance Título original: 穿 成 影帝 作死 未婚夫 [穿 书] Autor(a): 林盎司 Estado: Completo Capítulos: 191 + 98 extras (Entre los extras hay un especial de la pareja secundaria) Sinopsis: Sus oportunidades...
