1. Si le gustara a alguien

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Min Yoongi acomoda su cabello torpemente detrás de la oreja mientras se mira en el espejo. Recoge algunas carpetas, las mete en su maletín y sale a trabajar.

Como se le ha hecho tarde, no ha alcanzado a desayunar, así que le pide al vendedor de siempre —el que lleva años plantado en la misma esquina— la especial de doble mayonesa. Lo único diferente en su rutina es un chico despistado que va en bicicleta y casi lo atropella. En su cabeza, Yoongi le echa la culpa al tráfico y no asume su propio descuido. Esperar el cambio de semáforo rodeado de desconocidos también le irrita, pero no puede hacer nada al respecto.

Cuando llega a la oficina, deja pasar el ascensor lleno y espera el siguiente, y como siempre, es el último en llegar a su piso.

Esa es la vida monótona de Min Yoongi.

En un torpe intento de sacar documentos de una carpeta mientras se sienta al mismo tiempo, los archivos caen al suelo... y él también. Por suerte, en ese preciso instante Seokjin entra a la oficina, y el estridente "¡Seokjin, mira lo que hice!" de Jimin acapara todas las miradas antes de que alguien note la caída de Yoongi.

Suspira, recoge cada hoja en orden y vuelve a su trabajo. El tecleo también le frustra, pero es el empleo que su carrera le permite: buen salario, buena posición social. No le apasiona, pero sabe que está bien.

—Oye... Yoongi.

Yoongi gira los ojos al reconocer la voz de Taehyung. Ya se estaba preparando para cualquier payasada.

—¿Es verdad que nunca saliste con nadie? Lo escuché por ahí...

—¿Qué te importa? —contestó.

—Bueno, ¿es verdad o no?

—¿Y si lo es?

—¿Entonces todavía eres virgen? —preguntó sin el menor disimulo.

—¡Baja la voz! —se quejó Yoongi.

—Ehh... —Taehyung empezó a reírse, aún sin salir del asombro—. ¿En serio? Ya veo...

—Esto es acoso sexual.

—¿Qué edad tienes?

—Mañana cumplo treinta.

—¿En serio? —volvió a preguntar. Entonces llamó a la chica que pasaba por ahí—: Eh, Wendy, ¡mañana es el cumpleaños de Yoongi!

—Felicidades —dijo Wendy con una reverencia, sin detenerse.

En cuanto Wendy estuvo lo suficientemente lejos, Taehyung tomó los hombros de Yoongi y lo giró en dirección a donde ella se había marchado.

—¿Qué me dices de Wendy?

—Esto sigue siendo acoso sexual —respondió Yoongi cerrando los ojos.

—Por lo que sé, ahora mismo no tiene novio.

—¿Cómo dices?

—¿No quieres que te ayude?

—No hace falta.

—¡Deberías preocuparte más! —le dijo en voz baja, acercándose a su cara—. Dicen que si llegas a los treinta siendo virgen te conviertes en mago...

—¿Mago? —se rio—. ¿Aún crees en esas leyendas urbanas?

—No, pero ¿no sería gracioso?

—Sí, lo que tú digas. Vuelve al trabajo, por favor.

Dicho eso, empujó la silla de Taehyung a su lugar y volvió a teclear.

Ahora está frustrado otra vez. No es virgen por gusto; se ha enamorado otras veces. Piensa que Wendy está bien, pero no hay nada más allá. No podría lanzarse a una relación sabiendo que no va a salir bien, y cuando imagina lo que vendría después solo consigue agobiarse. No podría volver a trabajar en el mismo sitio después de una ruptura.

—¿A usted le gusta el vino, Seokjin?

Sus pensamientos se ven interrumpidos por otra voz chillona al otro lado de la sala.

—Sí —responde Seokjin con una sonrisa.

—¿Podríamos ir a beber? —la chica lanza una mirada a su amiga y luego vuelve a mirarlo, expectante.

—Le diré al director que salgamos todos juntos.

—¿Por qué no vamos solo los tres?

—En otra ocasión. Debo organizar todo esto —muestra unas carpetas—. Pero si vamos con el director entendería la demora, ¿no?

Yoongi suspira preguntándose por qué las chicas no lo persiguen a él de esa manera. Comparado con Seokjin —cinco años consecutivos siendo el empleado con más ventas de la empresa, adorado por jefes y compañeras por igual— él parece el hombre definitivo. Yoongi no recuerda si los rumores decían que Seokjin practicó fútbol, béisbol o natación en la universidad, pero tiene pinta de que cualquier deporte le quedaría bien.

En resumen: lo único que tienen en común es el día en que los contrataron y el género.

—Hola —saludó Seokjin al pasar junto a su puesto.

—Hola —respondió Yoongi.

Confirmó que incluso su sonrisa era hermosa.

—¿Hmmm?

—No, nada.

Yoongi volvió la mirada a la computadora. Las cuentas no se harían solas.

—¡Seokjin, mi computadora está fallando! ¿Podrías ayudarme?

—Claro.

Yoongi lo observa arreglar el fallo del programa y desearía tener al menos una de sus cualidades. Pero de nada sirve anhelar lo que no puede tener.

Cuando termina su jornada, recoge el portafolios y camina a casa soportando el tráfico de siempre. Se detiene a comprar la especial de doble mayonesa, como todos los días.

—Hola —le saluda el vendedor.

—Una, por favor —señala.

—¡Gracias por su compra! —tararea el vendedor despidiéndose.

Si al menos descubriera que hay una sola persona enamorada de mí...

Yoongi cree que parece tonto pensando en esas cosas, y lo confirma cuando tropieza por no pisar bien. Comprueba que nadie lo haya visto, ajusta la bolsa y el maletín, y camina rápido a casa a dormir.

Cuando se despierta al sonar el despertador, rasca su cabeza buscando el teléfono. Tiene mensajes de sus padres, su hermano y Namjoon.

Lo lanza a la alfombra sin querer responder nada y se acurruca contra la almohada otra vez.

—Adiós, veintena... Buenos días, treintena —susurra.;

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora