41. Señales

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No se detuvo en ningún momento; siguió corriendo lo más rápido que podía solo de pensar que podría no encontrarlo. Sonrió al verlo aún ahí.

Hoseok estaba sentado junto a la fuente de la plaza. El parlante sonaba la misma canción con la que lo había visto bailar antes, pero ahora no se movía y no parecía tener ganas de hacerlo. Verlo así solo lo entristecía.

—¡Hoseok! —gritó mientras se acercaba.

—¿Namjoon? —se levantó de golpe, sorprendido.

Namjoon sabía que ahora tenía que decir algo porque Hoseok seguía mirándolo con intriga, pero no sabía exactamente qué.

—Yo cuando era joven... —comenzó—. Yo también tuve un sueño por el que me llamaron tonto, ¿sabes? Siempre quise ser novelista; incluso recuerdo haberme enorgullecido cuando conseguí un editor en la preparatoria —rio al recordarlo—. Seguí escribiendo en lugar de buscar un trabajo decente, pero nunca ganaba premios ni reconocimiento por mucho que me esforzara. ¡Siempre tuve miedo! El simple pensamiento de estar desperdiciando mi juventud... Dudaba incluso de si tenía talento, de si pertenecía a ese mundo... ¡Yo entiendo perfectamente cómo te sientes! —hizo una pausa al darse cuenta de que estaba hablando demasiado rápido—. Además... —continuó cuidando el tono esta vez—. Siempre, escúchame bien: siempre habrá personas que se burlarán de los que lo dan todo, especialmente de aquellos que no tienen sueños o que los han perdido. Porque para ellos es más fácil reírse de los demás que enfrentarse a sí mismos. Pero yo nunca me burlaría de ti. Nunca me reiría de ti. Así que créete, así como yo creo en ti.

Hoseok sentía que quería llorar, sobre todo por lo último que escuchó. No sabía cuánto necesitaba escuchar que alguien aún creía en él.

—¿Qué fue todo eso? —dijo después de un momento de silencio—. De repente te viste tan genial. Muchas gracias por eso.

—Hoseok.

—¿Sí?

—Yo...

—¡Al fin pude regresar! —Jimin llegó de repente interrumpiéndolos—. Eh... ¿Ya todos se fueron? ¿Dónde están Yoongi y Seokjin? —preguntó mirando a Namjoon.

—Yo... también debo irme —sin esperar respuesta, dejó la bolsa de bebidas en el suelo y huyó de nuevo.

Pasó lo que quedaba de la tarde sentado en una banca cerca de la plaza, pensando en qué debía hacer.

Solo descubrió que no podía evitar que el corazón se le acelerara cada vez que pensaba en Hoseok.

Se levantó, agarró su cabello y empezó a dar vueltas sobre sí mismo intentando desahogarse. Ya era relativamente tarde y, en un domingo como ese, la gente prefería estar en lugares cerrados, así que nadie podría verlo actuar como un loco.

Luego de pensarlo bien, cayó en cuenta de que ya había oscurecido y aún no había decidido qué hacer. Entonces decidió dejar su suerte en manos del destino.

Mientras caminaba se dijo a sí mismo que, si Hoseok aún estaba en la plaza, le diría lo que sentía. Pero si no estaba, se iría a casa a dormir y no pensaría más en eso.

Cuando se acercó escuchó la música. Hoseok seguía ahí, practicando hasta el cansancio. Realmente estaba ahí. Tomó aire y decidió que lo haría.

—Hoseok —quiso hablar, pero un tercero apareció—. Olvidé darte algo.

Era el mismo chico con el que había discutido antes. Namjoon no creía que fuera buena idea dejarlos solos; Hoseok se veía tan indefenso que si volvían a pelear, aseguraba que saldría perdiendo.

Pero cuando quiso avanzar no pudo creer lo que veía. ¿Se estaban besando? ¿O era solo una mala posición y la falta de iluminación lo que le hacía ver como si eso estuviera pasando?

Llevó ambas manos a la boca intentando no hacer ruido, pero en el intento de retroceder sin dejar de mirar, sus pies se enredaron y cayó hacia atrás llamando la atención de ambos.

—¡Namjoon! —Hoseok gritó sorprendido; era lo último que quería que viera.

—¡Lo siento! —fue lo único que dijo. Se levantó y volvió a huir.

¿Qué clase de señal era esa que le había dado el destino?

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora