21. Mont Blanc

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—Presidente Jaesang, me disculpo si he sido grosero —Seokjin ya ha perdido la cuenta de cuántas reverencias lleva.

El señor Park, pese a su apariencia, no es una persona desagradable y trata bien a todos. Pero en este momento parece haber perdido todas esas cualidades, y Seokjin no puede dejar de pensar que es culpa suya. Desde que entró fue convocado por el propio presidente, y este no ha hecho más que ignorarlo.

Yoongi, al ver la escena, se detuvo un par de metros antes analizando cómo acercarse. Por suerte, la secretaria se aproximaba con un té que Yoongi interceptó de sus manos.

—No te preocupes, yo se lo llevo.

—¿Seguro? —sonreía, pero forcejeaba para no soltar el recipiente.

—Sí, por favor.

Satisfecho, avanzó con el plato hacia el presidente, pero se detuvo y dio media vuelta cuando la mirada severa del hombre se posó en él. Suspiró y retomó el camino: no quería rendirse viendo la expresión preocupada de Seokjin. Seokjin siempre lo había ayudado; ahora le tocaba a él.

—Con permiso —llegó por fin y caminó despacio rodeando el sofá para analizar la manera de tocarlo sin que pareciera extraño.

Estando a sus espaldas, extendió la mano lentamente, pero en el instante en que estuvo a punto de rozarlo, el presidente giró.

—Calor —fue lo único que dijo.

—¿Qué? —preguntó Yoongi entre confundido y asustado.

—¡Calor! —repitió.

—Sí —respondió, y caminó hasta los controles del aire acondicionado para bajar la temperatura, aún con el plato en mano.

El presidente cerró los ojos cuando el ambiente se refrescó. Yoongi volvió a acercarse, esta vez agachándose para dejar el té sobre la mesita. Una de las manos del presidente estaba sobre ella; intentó rozarla, pero antes de que lo procesara bien ya la había retirado.

Observó el plato otra vez y vio su última salida. Esperando que todo saliera bien aunque perdiera la dignidad en el intento, se puso en cuclillas sobre una rodilla, agachó la cabeza y extendió ambas manos.

—Por favor, use esto —pronunció mostrando un pañuelo.

Seokjin lo observaba desde su lugar sin entender qué pretendía Yoongi.

Después de dos minutos mirándolo, Jaesang movió levemente la cabeza señalando la mesa. Yoongi entendió que debía dejarlo ahí. Con una mueca lo hizo y suspiró, convencido de que no iba a poder ayudar a Seokjin.

—Con su permiso, me retiro —hizo una reverencia dispuesto a marcharse.

—Min —Yoongi regresó la mirada al escuchar la voz del presidente. Lo vio agacharse a recoger algo que estaba junto a sus pies.

¡Era su lapicero! De alguna forma había caído de sus bolsillos. Sin ponerse a analizar cómo fue eso posible, regresó sobre sus pasos, dejó el plato sobre la mesita y sujetó con ambas manos la mano extendida de su jefe, apretándola con fuerza, ignorando el lapicero.

—¡Muchas gracias! Menos mal que no lo perdí. ¡Adoro muchísimo este lapicero! —dijo lo primero que se le vino a la cabeza, al borde de las lágrimas pero de la emoción. Al fin había podido escuchar la razón por la que el hombre estaba así.

—Regreso enseguida —hizo una última reverencia, guardó el lapicero, tomó el plato y corrió fuera de la oficina ignorando las miradas extrañadas de todo el personal.

Quince minutos después la situación se normalizó.

—¿Y se enojó solo por eso? —preguntó Jimin incrédulo—. ¿Qué adulto se enoja porque no hay Mont Blanc?

—Ahora que recuerdo, antes le traíamos Mont Blanc al presidente muy seguido, ¿verdad? —preguntó Wendy.

—¿Te habías fijado en eso? ¡Debiste habérmelo dicho antes! —respondió Taehyung.

—Oh, lo siento —contestó Wendy pensando por qué su jefe necesitaba regalos para su esposa con tanta frecuencia y ahora con el presidente también.

—Yo prefiero mil veces el Baumkuchen... —dijo Jimin observando al presidente disfrutar de su postre.

Yoongi también miraba en esa dirección, aunque sobre todo a Seokjin. Cuando le llevó el postre al presidente, se retiró de inmediato y observó la escena desde lejos. Vio cómo la expresión preocupada de Seokjin se transformaba en una sonrisa cuando el jefe le volvió a dirigir la palabra y lo invitó a sentarse frente a él.

Entonces Yoongi recogió los folders y volvió a su puesto para revisar la asignación en la que Wendy le había pedido ayuda. Pero aunque tecleaba en el ordenador, no podía dejar de sonreír por haber podido ayudar a Seokjin al menos una vez.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora