53. Letra chica

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La segunda ronda del concurso exigía ajustes concretos: refinar el prototipo, preparar una presentación más detallada, justificar cada decisión de diseño con datos. Yoongi llevaba tres noches seguidas con el cuaderno abierto en la misma página.

No porque no avanzara. Avanzaba. Pero cada vez que creía haber terminado un argumento, encontraba un hueco, una pregunta que la evaluadora podría hacerle y para la que todavía no tenía respuesta buena. Así que tachaba, reescribía, tachaba otra vez.

En algún momento del tercer día apareció una taza de café en la esquina de su escritorio. No había nadie cuando la vio. Solo el café, todavía caliente, y un post-it pegado al costado con un dibujo pequeño, una estrella de cinco puntas torcida, como dibujada rápido.

Yoongi lo despegó, lo miró un momento y lo guardó en el cajón sin pensarlo mucho, sonriendo.

—Cualquier cosa que necesites, puedes decírmelo ¿Si? —le dijo Wendy al pasar, sin detenerse.

Taehyung no le había dicho nada, pero dos de los informes que normalmente le tocaban a él habían aparecido firmados por alguien más. Yoongi se había dado cuenta al revisar la bandeja de entrada y no encontrarlos.

No dijo nada tampoco.

Era demasiado. No en el sentido malo, sino en el sentido de que Yoongi no sabía bien si lo merecía, y esa pregunta le ocupaba más espacio del que debería mientras intentaba concentrarse en el prototipo.

La reunión de retroalimentación fue más tranquila de lo que había imaginado.

Una mujer de voz pausada, evaluadora de la firma, leyó en voz alta fragmentos de su propuesta. Luego hizo preguntas. Le preguntó por qué el formato pin y no una etiqueta adhesiva. Le preguntó cómo pensaba organizar la gama de frases. Le preguntó si había considerado una edición para entornos de alta presión, donde la comunicación entre colegas suele volverse indirecta.

Yoongi respondió todo. Algunas respuestas las tenía. Otras las fue encontrando mientras hablaba, y eso lo sorprendió un poco, descubrir que tenía más que decir de lo que había escrito.

—Es una idea con mucho potencial —dijo la evaluadora al final—. Lo que más me llamó la atención es que viene de un lugar genuino. Eso se nota.

Salió de la sala con esa frase pegada en el fondo del pecho, y se cruzó con Seokjin en el pasillo.

—¿Cómo te fue?

—Bien —dijo Yoongi—. Creo que bien.

—¿"Creo"?

—Bien. Bien.

Seokjin lo abrazó ahí mismo. Sin revisar si había gente, sin aviso. Yoongi correspondió el abrazo con los brazos un poco tensos al principio, luego menos.

Tenía los ojos abiertos. La mirada fija en un punto del techo.

'Estoy tan orgulloso de él. Ojalá pudiera decírselo bien, sin que suene exagerado. Ojalá entendiera cuánto lo quiero.'

Cerró los ojos.

Decidió no seguir escuchando.

⁻ ˏˋ꒰-꒱ 

Esa noche sacó una hoja en blanco.

No era para el concurso.

Empezó a escribir fechas. Momentos. Con más precisión de la que esperaba tener: el pastel de Mont Blanc para el director Jaesang, cuando lo había tomado de la mano con cualquier excusa y supo antes que nadie lo que necesitaba para calmarse. Jimin en el bar, cuando lo tocó en el hombro y entendió que necesitaba aire, y le inventó lo de la medicina para que pudiera salir sin vergüenza. Wendy en el ascensor, cuando se acercó lo suficiente para saber que su sonrisa era una forma de protegerse, y le ofreció hablarle a su madre sin que ella se lo pidiera. Namjoon, que le había pedido consejo sobre Hoseok sin saber que Yoongi ya conocía la respuesta desde antes de que abriera la boca.

Y Seokjin. Seokjin desde el principio.

Cada abrazo correspondido a tiempo, cada pregunta respondida sin dudar demasiado, cada momento en que Yoongi había sabido cómo actuar porque ya había escuchado lo que Seokjin necesitaba escuchar de vuelta.

Y lo más difícil de escribir: que se había permitido acercarse a Seokjin en parte porque sabía, desde mucho antes de que Seokjin dijera nada, que sus sentimientos eran reales. Que nunca había tenido que arriesgarse del todo. Que la valentía que creyó tener aquella noche tal vez no era tanta porque él ya sabia lo que iba a escuchar.

Al lado de cada punto escribió, con letra chica, si la decisión había sido suya de verdad.

La lista era más larga de lo que quería.

Pasó a la segunda hoja. Escribió una sola línea:

Seokjin no sabe nada de esto.

Se quedó mirándola.

No el concurso. No los logros. Eso. Seokjin creía estar eligiendo, y en realidad estaba respondiendo a algo que Yoongi había calibrado sin decírselo. Cada gesto de Yoongi era en parte un eco de algo que Seokjin había dejado filtrar sin intención.

No era crueldad. Pero tampoco era limpio.

Dobló las hojas. Las metió al cajón. Se quedó mirando el cajón cerrado.

El teléfono vibró sobre la mesa.

[Kim Seokjin: ¿Ya comiste algo?]

Lo leyó. No respondió de inmediato. Luego escribió "sí" y lo dejó ahí.

Porque si escribía algo más, Seokjin iba a preguntar qué le pasaba. Y Seokjin siempre lo notaba. Con o sin contacto. Sin magia.

Y esta vez Yoongi no quería saber lo que pensaba antes de decírselo.

Tenía que contárselo. Eso lo decidió esa noche.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora