Capitulo 6: El cetro

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- ¡Hala! - exclamó Marco. Ahora, los dos chicos se encontraban ante una enorme galería, con una enorme laguna de aguas completamente transparentes, en las que se reflejaba el techo de la cueva, que emitía una extraña luz multicolor que le daba un toque mágico a la sala. El fondo del lago (no muy profundo) estaba completamente lleno de pequeños trocitos de cristal azul brillante. En el centro del lago había una isla de piedra de un color grisáceo, que medía lo justo para que cupieran cuatro personas un poco apretujadas.
-¿Qué es eso?- preguntó Marco, señalando al centro de la isla.
-Pues no lo sé- le respondió Lara.
En el centro de la isla había una especie de vara de madera        de un color oscuro, era bastante alta, de un metro ochenta más o menos, npero lo más extraño es que en la punta, envuelto en cinco raíces, había un cristal azul brillante (como todo en este libro, de hecho creo que debería ir cambiando el chip pero bueno, que me enrollo). En ese momento el ratón correteó hasta la orilla y entonces, plagiando bastante a Moisés, separó las aguas (por la cara) y avanzó hacia la isla y se subió por el cetro hasta llegar a esa especie de gema, indicando a los dos chicos que tenían que tocarlo. Lara fue la primera en atreverse a tocarlo.
-¿Vienes o no, cagao? - preguntó  Lara.
-Vale, vale, ya voy.-
Los dos se dieron la mano y caminaron juntos hasta el cetro.
-El agua está  caliente- dijo Marco.
Y era verdad, el fondo del lago irradiaba un extraño calor y los cristales vibraban  más según se iban acercando, hasta tal punto que empezaron a producirse pequeñas olitas  hasta que por fin llegaron a la isla.
-¿Estás listo?
-Más que nunca.
Entonces respiraron hondo y cogidos de la mano tocaron el cetro.

El gigante de cristalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora