40 - Torturada en cuerpo, alma y corazón

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Así, yo, Gérold de Boissel, como decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de París, enumero los seis artículos que dicha facultad ha resumido y deliberado según las afirmaciones de Jehanne, que se hace llamar «la Doncella»:

Iº Que es hereje y no duda en separarse de la doctrina de la Iglesia.

IIº Que es contraria a la fe, contradiciendo a su vez la palabra de Dios Unam sanctam Ecclesiam catholicam.

IIIº Que es apóstata, habiendo cortado los cabellos que Dios le ha dado para cubrir su cabeza y habiendo dejado la vestimenta de mujer para tomar la de hombre.

IVº Que es viciosa y adivina, afirmando ser mensajera de Dios pero sin mostrar ningún signo divino o milagroso, como sí hicieron Moisés y san Juan Bautista.

Vº Que es errante de la fe católica cuando se le pide retomar su rol establecido por las normas de la sociedad y las Santas Escrituras, negándose a la misa con tal de no abandonar su ropa de hombre.

VIº Que es egocéntrica cuando afirma saber que tras morir irá al Paraíso, como si ya estuviera allí. Por eso, tras haber insistido de forma caritativa, decide no entregarse a nuestra Iglesia militante católica.

En consecuencia, tras haberle exhortado de forma piadosa con un juez competente, y aun así, habiendo ella renunciado a todo eso, esta mujer será entregada a un tribunal secular, apartado de Dios, para que sea condenada por los crímenes que nosotros hemos hecho constar.

De todas las cartas enviadas a la vez a Charles VII y Regnault de Chartres de parte de la corona inglesa y la universidad parisina, ese extracto fue el que más veces releyó en voz alta el arzobispo de Reims.

Ninguno de los dos había movido un dedo para rescatar a su heroína más preciada. No habían querido ayudarla ni de forma económica ni por medio de pactos políticos.

—Van a quemarla, Regnault —dijo el rey, temeroso por primera vez en todo el año que llevaba cautiva—. ¿De verdad no podemos hacer nada?

—Es mejor que no, mi señor. Pensad que ella siempre actuó sin escuchar a ningún miembro del consejo real, ni siquiera a vos. Y ahora, un tribunal eclesiástico la ha investigado muy a fondo y ha descubierto lo que muchos temíamos: sus voces no venían de Dios, solamente actuaba de forma orgullosa y pretenciosa por su propio placer, por algo demoniaco, o quién sabe qué.

—¿Eso no pondría en riesgo la legitimidad de mi corona?

Las piernas enclenques de Charles comenzaron a temblar y el sudor frío, que corría desde su frente hasta su más que prominente nariz, prometía durar mucho más.

—No temáis por eso. Vuestra corona se ha conseguido gracias a la lucha de muchos hombres buenos y leales a la fe cristiana. Ella solo fue una herramienta más, defectuosa, pero útil para unos pocos durante un tiempo determinado.

—Son demasiados problemas de golpe... Primero la caída en desgracia del capitán de Compiègne por lo que hizo hace un año; después, el descubrimiento de los pecados cometidos por La Trémoille, confesados por él mismo; ahora la condena de Jehanne...

—Pensad en positivo. La Trémoille ha sido sincero y eso nos ha ayudado a reafirmar nuestra alianza con él y a dejar claro que Arthur de Richemont no tiene lugar en esta corte.

—Debemos informar de esta sentencia a mi suegra. Quizás ella pueda hacer algo más...

—No, mi rey. Por ahora, que ni ella ni Gilles lo sepan. Les informaremos a su debido tiempo, pero no en estas semanas de intentos de pactos con los borgoñones y con la nueva adhesión de los soldados valientes del duque de Bretaña.

Lluvias y flores sobre Francia (Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora