Parte 1
—¿Jugo de frutas? No puede ser, estoy seguro de que preparé el de licor... —el hombre a cargo de las preparaciones, se rascaba la cabeza mientras observaba con confusión el vaso que le habían devuelto.
Su ayudante, a un lado del mostrador, también lo miraba con incredulidad.
Tras ofrecer las disculpas del caso, el dueño del local se mostró más que amable: ordenó una nueva bebida y les indicó a los esposos que la cuenta correría por parte de la casa. La pareja, por supuesto, aceptó con una sonrisa agradecida.
—El jugo de frutas era el pedido de Haruka —mencionó el dueño, entrecerrando los ojos.
—Espere... ¿me está diciendo que...? —la joven junto a él lo miró con una expresión de alarma.
—¿Dónde está Haruka?
—Dijo que iba al cuarto del personal.
—Ve a buscarla, rápido.
La muchacha salió de inmediato hacia la parte trasera del local. No había pasado ni medio minuto cuando un lamento resonó desde allí.
—¡¿Queeeeeeeé?!
El dueño apenas alcanzó a girar la cabeza cuando Haruka apareció raudamente por la puerta, con el rostro pálido. Pasó de largo el mostrador y fue directo hacia la mesa donde habían atendido a los dos jóvenes.
Sin embargo, al llegar, se detuvo en seco, observó el vaso, y sin decir palabra alguna, dio media vuelta para regresar al mostrador con la misma rapidez con la que había ido.
—¿Qué pasó? —preguntó el señor.
—E-El vaso está casi vacío —respondió Haruka con un hilo de voz.
Su compañera soltó un suspiro ahogado.
—Oh no —balbuceó la compañera, mientras ahora los tres se ponían a ver con detenimiento lo que estaba sucediendo en aquella mesa.
—N-No parece suceder nada extraño —comentó el dueño, intentando tranquilizarlas—. Tal vez la chica... ha bebido antes.
Pero a unos metros, en la mesa, la situación estaba lejos de ser normal.
Alexei mantenía su expresión habitual, aunque una ligera preocupación se reflejaba en sus ojos.
—¿Te pasa algo? —preguntó con calma.
Hana apoyó un brazo sobre la mesa y dejó caer ligeramente la cabeza hacia un lado.
—N-No lo sé... —dijo con voz algo pastosa.
—Te has estado comportando de manera extraña desde hace un rato —añadió él.
Las mejillas de Hana estaban encendidas, y su mirada, un poco cansada, se esforzaba por mantenerse fija en el rostro del mago.
—Es extraño... —murmuró entrecerrando los ojos—. No sabía que también podías separarte en dos.
—¿S-Separarme? —Alexei frunció el ceño, confundido—. ¿De qué estás hablando?
—Jeje... ahh... —una pequeña risa se escapó de los labios de la joven—. La cabeza me da vueltas.
El mago la observó con atención, tratando de no mostrar demasiada preocupación.
—Creo entender lo que está pasando —dijo finalmente—... cansancio. Asumo que desde que comenzaste tu viaje no has tenido tiempo de descansar, ¿verdad?
—S-Sí... creo que tienes razón... —respondió ella con una sonrisa torpe—. Tal vez... sea eso.
En el mostrador, el trío de empleados respiraba con cierta calma al ver que nada parecía fuera de lo común.
