Parte 1
CUARTA UNIDAD DE ADIESTRAMIENTO
La jornada de entrenamiento se desarrollaba en una zona conocida como la Arena de Optimización, un amplio campo circular rodeado de estructuras de contención mágica.
Era un espacio donde los aprendices podían ejecutar sus hechizos libremente con el objetivo de perfeccionarlos; una suerte de área de práctica abierta.
Pequeños grupos de jóvenes se reunían en distintos puntos del terreno, comparando hechizos, compartiendo risas o ensayando círculos mágicos en el suelo.
Un poco más allá, sin embargo, se desarrollaba una escena muy distinta.
Algunas mujeres rodeaban a Aiko, quien permanecía de pie, con las mejillas visiblemente estiradas por las manos ajenas.
La expresión de la menor era una mezcla entre resignación y estoicismo, aunque sus coletas se agitaban levemente cada vez que una de ellas tiraba con más fuerza.
—Oi... ya leh dijhe... que-no shoy niún muie...co... —protestó con voz distorsionada.
—Ohh... en verdad eres una niña —comentó una de las jóvenes, de cuclillas frente a ella, observándola con curiosidad infantil.
—Es cierto, los asientos uno y dos también son niños, ¿verdad? —añadió otra con tono bromista.
—Oye, entonces tú también debes ser una genio.
Luego de soltarse de ellas, Aiko adoptó su habitual aire orgulloso, cruzando los brazos y cerrando los ojos con una sonrisa presumida.
—¡Por supuesto! —dijo con tono firme—. Por eso es que estoy aquí.
—Eso es increíble —respondió una de las magas, con expresión sincera.
—Sí, no es común compartir prácticas con genios —añadió otra, divertida.
Aiko entreabrió un ojo, observándolas de reojo mientras mantenía su sonrisa.
—No puedo esperar a ver qué clase de habilidades nos mostrarás —comentó una de ellas—. Tu poder mágico debe ser tremendo.
—¿Huh? —Aiko ladeó la cabeza, confundida.
—Debes tener un poder altamente destructivo, ¿no? —continuó la otra con entusiasmo—. Apuesto a que todos sufriremos para poder hacerte frente.
—Chicas... no... —Aiko bajó los brazos y su sonrisa desapareció lentamente.
—Esta sesión de optimización es perfecta para comprobar tu poder —dijo una de ellas mientras se levantaba—. Vamos, ya están reuniéndose todos.
Las mujeres comenzaron a caminar hacia el centro del campo, donde los aprendices se agrupaban en filas ordenadas.
Aiko permaneció quieta, como si el suelo se hubiera vuelto pegajoso bajo sus botas.
—Esto... oigan... yo no... —susurró, pero ya nadie la escuchaba.
Pocos minutos después, con todos formados, dos instructores se ubicaron al frente.
—Muy bien, espero que hayan mejorado desde la última sesión —anunció uno de ellos—. Si quieren demostrar sus avances, este es el momento perfecto. Recuerden que todas las pruebas que ejecuten están sujetas a control de nuestra parte.
—Este es el momento que esperaba —dijo un joven mago, chocando su puño contra la palma de su otra mano—. He estado trabajando en un nuevo hechizo que me hará escalar en la clasificación.
