Capítulo 4

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El ambiente dentro de la habitación era tranquilo, iluminado por la luz que se filtraba por la ventana. Hana, sentada en el borde de la cama, soltó un largo suspiro. Sus hombros caídos y la expresión de derrota en su rostro hablaban más que cualquier palabra.

—Ahh... no puedo creer que pasara todo esto —murmuró, cubriéndose el rostro con ambas manos.

Ireth, de pie frente a ella, mantenía su serenidad habitual.

—No te sientas mal —dijo con una sonrisa leve—. Después de todo, nunca antes habías bebido.

—Haber tomado por error una bebida con alcohol y terminar durmiéndome frente a él... —Hana bajó la cabeza, dejando que un mechón de su cabello violeta cayera sobre su rostro—. Seguro debe estarse burlando de mí ahora mismo.

Hizo una pequeña pausa antes de murmurar, casi en voz baja:

—B-Bueno, aunque supongo que eso servirá para que deje de lado su extraño interés por mí.

El silencio apenas duró unos segundos antes de que la puerta se abriera.

—¡Ya despertó! —exclamó Aiko, entrando con energía, y con sus coletas moviéndose como resortes mientras corría hacia Hana.

Tras ella apareció Milo, con una bolsa de papel en la mano. Su expresión tranquila contrastaba con la euforia de la pequeña.

—Hana-nee, ¡cuéntanos qué pasó en tu cita! —exclamó Aiko, sentándose al lado de Hana con una sonrisa traviesa.

—¿C-Cita? —repitió Hana, sonrojándose de inmediato.

—Oye, enana —interrumpió Milo con su tono seco, dejando la bolsa sobre la mesa—, no tenemos tiempo para charlas. Tenemos que irnos de una vez.

—¡Deja de llamarme enana! —protestó la pequeña.

—Ya que has despertado, lo mejor será salir de aquí.

—Sí, tienes razón... —dijo Hana levantándose lentamente, con el cabello despeinado y aún vistiendo una pijama color crema que se ajustaba con suavidad a su figura—. Suficiente tenemos con haber perdido un día entero.

Pasados unos minutos, el grupo caminaba ya por las calles de la ciudad. Hana, de nuevo con su habitual atuendo blanco, iba al frente junto a Ireth, mientras Milo y Aiko avanzaban un poco más atrás. La brisa de la mañana movía los cabellos de las chicas, y el aire limpio de la capital comenzaba a despejar las mentes aún adormecidas.

—¿Cuánto tiempo nos tomará llegar? —preguntó Hana, girando el rostro hacia su compañero.

—Unos dos días, si mantenemos este ritmo —respondió Milo.

—Uuugh —bufó la joven, llevándose ambas manos detrás de la cabeza—. Después de todo, parece que será un viaje agotador.

—Hay una ciudad al pie de la montaña —añadió el muchacho—. Podrás descansar cuando lleguemos.

—¿Una ciudad? —preguntó Hana, mirando al frente.

—Así es —respondió Aiko, animada—. Tessalia no es muy grande, pero es tranquila, sin tanto movimiento comercial, es un lugar ideal para estar —explicó, caminando con pasos ligeros—. No sabía que nos dirigíamos allí. ¿Buscas algo en especial?

—¿Eh? N-Nada en particular —contestó Hana, desviando la mirada con nerviosismo.

Solo ella y Milo sabían lo que realmente planeaban una vez dejaran atrás Tessalia.

El grupo siguió avanzando unos metros, hasta que Ireth giró ligeramente la cabeza.

—Por cierto, ¿no habías comprado un cinturón nuevo ayer?

Astra Vol. 04Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora