Capítulo 1

124 13 20
                                        

El ocaso teñía el cielo de un anaranjado profundo mientras el viento frío del norte se deslizaba entre los restos de una vieja construcción

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El ocaso teñía el cielo de un anaranjado profundo mientras el viento frío del norte se deslizaba entre los restos de una vieja construcción.

Entre los escombros aún colgaba una bandera desgarrada con el emblema de la Orden Fénix Negro, la segunda fuerza más poderosa del reino después de Neo Génesis.

De aquel lugar, que había sido el fortín del oficial Dobre... ahora solo quedaban ruinas.

Pero lo que más destacaba de la escena era la presencia de ciertas personas, dos jóvenes frente a frente en medio del lugar devastado, rodeados por otras cuatro figuras que observaban a distancia.

El ambiente era tenso, y cada soplo del viento parecía cortar el silencio.

—Ahhh... ¿crees que puedes intimidarme con esa sonrisa? —preguntó Jayla, con una expresión confiada y una sonrisa burlona que rozaba lo provocador. Su tono era ligero, casi juguetón, pero con un filo capaz de irritar a cualquiera.

Milo ya no sonreía, y ahora mismo mostraba una expresión seria, pues aquella sonrisa anterior solo había durado unos instantes.

—No sé qué clase de nuevos misterios ocultas —continuó Jayla—, pero te daré una última oportunidad de atacarme. Espero que sea lo mejor que puedes hacer... o terminaré con este juego aburrido.

—De acuerdo —respondió Milo con calma—. Tomaré la oportunidad con mucho gusto.

Dicho esto último, guardó la espada en un solo movimiento. Jayla ladeó la cabeza, dejando escapar una breve risa.

—¿Huhh? ¿Ya no piensas usar tu arma? ¿Aun cuando fue lo único rescatable de tus pobres intentos por tocarme?

Milo no contestó, solo inspiró lentamente, ajustando su postura.

Confía demasiado en su poder... es el momento perfecto para conseguir ganar. No hay margen de error —pensó.

El sol desaparecía detrás de las montañas, y la penumbra comenzaba a envolver el campo.

Más atrás, Hana alzó la mirada al cielo de manera disimulada, sabía muy bien que la oscuridad era una perfecta aliada de Milo.

Tal vez haya una posibilidad —pensó, sin apartar la vista de él.

—Pues entonces... muéstrame lo último que tienes —dijo Jayla, cruzándose de brazos.

Tan pronto como Jayla terminó de hablar, una corriente oscura estalló alrededor de Milo.

Su cuerpo se cubrió por completo con una densa energía oscura, la misma que ya había usado en otras ocasiones. Las sombras parecían adherirse a su piel, ondulando como humo vivo.

—¡¡¿Qu—?! —la expresión de Jayla cambió al instante, y su sonrisa confiada desapareció por completo.

—¿Q-Qué está pasando? —preguntó Aiko, con los ojos muy abiertos, pues era la primera vez que la pequeña veía a Milo liberar aquella extraña fuerza.

Astra Vol. 04Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora