Capítulo 2

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Después de idear el plan para detener la boda, pedimos algo para comer mientras veíamos un programa aburrido de un canal aleatorio de la televisión.

Le había pedido a Daniel que me acompañase a la boda, pero ese día tenía que ir a las oficinas y hablar con otro compañero para un encargo que tenían los dos.

Lugo de comer, Daniel se fue, no sin antes recordarme que le debía mantener al tanto de todo. Me había pedido que grabase todo, pero obviamente no lo iba a hacer.

Me probé el vestido y los zapatos, que eran de mi talla, ya que ya tenían mis medidas y me miré al espejo.

Me quedaba de maravilla. A lo mejor le pedía a Milla que me regalase el vestido. Tenía un gran amor por los vestidos, si abrías mi armario podías encontrarte con montones de ellos.

Me cambié y lo dejé todo preparado para mañana. Me pasé la tarde intentando idear y crear un diálogo digno para esta ocasión, pero como no se me ocurría nada lo dejé de lado.

Mejor improvisar, las mejores cosas salían de las improvisaciones.

Como no tenía nada más que hacer, me puse a leer y así pasé lo que restaba de tarde.

Me volví a despertar con el maldito ruido de las obras, me tapé la cabeza con la almohada y solté un chillido exasperado.

Odiaba despertarme temprano.

Como ayer me quedé leyendo hasta tarde, me levanté con mucha pereza, tropezándome con las pantuflas de conejo y tirando algunas cosas de la mesa por intentar sujetarme a ella.

Intenté preparar un café, pero ni eso sabía hacer. Cogí una lata de Coca-Cola con cafeína y me la fui bebiendo mientras ponía unas tostadas en la tostadora.

Se me quemaron. ¡Menudo día!

Empezaba bien el día eh.

Pensé con ironía.

Las tiré con mal humor y como no me apetecía volver a hacerlas me las como sin tostar, les puse un poco de mermelada de frambuesa y Nutella.

Me tiré al sofá escuchando el taladro perforando mis tímpanos.

Puse música con el volumen a tope y como no tenía nada que hacer me puse a hacer zumba con un programa que veía mi madre cuando vivía con ellos.

Me cansé a los 10 minutos.

Joder.

Pensé.

Y yo que pensaba que era fácil cuando veía a mi madre y sus amigas haciéndolo.

Me sequé el sudor y seguí.

Voy a terminar los 40 minutos sí o sí.

Me dije mentalmente.

Terminé súper cansada, tirada en el suelo con la respiración agitada.

Me quedé un rato en el suelo recuperando mi respiración y me levanté para beber agua, me había dejado la boca seca.

Después de darme una ducha relajante, hice unos burritos congelados para comer antes de prepararme.

Me puse el vestido, los tacones y el collar. Me maquillé un poco, sobre todo para taparme las inmensas ojeras que tenía. Que iba a arruinar una boda no a espantar a todos con mi aspecto de muerta viviente.

Guardé el móvil y trozo de papel donde tenía apuntado la dirección en el bolso, y me aseguré de llevar las llaves esta vez.

Había decidido salir antes para llegar a tiempo, que conociéndome seguro que llegaba tarde. Así también podía mirar un poco el recinto y saber actuar mejor.

Que empiece el espectáculoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora