t w e n t y - s e v e n.

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Dongyoung estuvo por un largo rato buscando a Chittaphon, no sabía si era porque lo miraba en todos lados o porque había estado tomando más de la cuenta, incluso huyendo de algunas malas propuestas, como si todos ahí pensaran que él era un niño fácil de engañar; él sólo tenía una propuesta, y estaba en busca de ella.

—¿Ha visto a Chittaphon hyung? —Dongyoung había reconocido al que recordaba como el anfitrión del lugar, uno de los amigos de Chittaphon y Yoonoh que los recibieron al llegar.

—¡Oh, Youngie! —el castaño de bonitos labios había sonreído ampliamente cuando al darse vuelta se encontró con Dongyoung—. Uhm, sí, ha ido a la estancia que tengo junto al bar —le explicó con una alegre expresión en su rostro, algo de lo que Dongyoung no podía presumir en ese momento, si había perdido de vista a Chittaphon-, ¿quieres acompañarlo?

—Sí, Yuta hyung, por favor —aceptó sin dudarlo, recibiendo entonces alrededor de sus hombros a un Yuta animado, guiándolo por el mar de gente hasta el lado más alejado de la fiesta, hacia una puerta en la que sólo empleados podían entrar.

—Aquí es —murmuró abriendo la puerta para dejar al menor entrar antes que él—, creo que dijo algo de que estaba cansado y quería tomar un momento —le explicó, encendiendo una pequeña lámpara de la habitación—, es muy normal en él, incluso cuando la fiesta es para él quiere dormir, no ha cambiado nada —agregó con una sonrisa, acercándose de regreso a la puerta para salir—. Así que debe de estar en la recámara, es aquella puerta... ¡Hasta luego, Youngie! —Yuta cerró la puerta, y Dongyoung se quedó en completo silencio.

Buscó la puerta que Yuta le había señalado, y retuvo un suspiro, de tan sólo pensar en que estaría a solas con Chittaphon de nuevo; porque aún quería hablar con él, aún tenía tanto qué decirle, no podía sólo resignarse. Lo haría entender, y lo haría las veces que fuera necesario, porque estaba cansado de esa situación en la que vivía enamorado; no importaba lo que le costara, si tuviese que ponerse de rodillas y quizá denigrarse lo haría, todo para hacerlo entender. En otra situación se sentiría patético, pero se trataba de Chittaphon... No podía sentirse mal por esforzarse en su causa.

Caminó hasta la puerta como quien camina hacia su penitencia, a la vez su cielo, ¿cómo podía significar tanto mal y tanto bien al mismo tiempo en su vida? Con la mano temblorosa de sostener su corazón, abrió la puerta, y se encontró con la silueta de Chittaphon recostada en la cama, en medio de la oscuridad. Encendió la luz, y fue hasta entonces que el mayor se volteó para mirarlo con una leve impresión en el rostro.

—Dongyoung —murmuró con voz rasposa y lenta. El mencionado se mantuvo ahí, de pie después de haber sido llamado, como si simplemente aceptara cualquier cosa que viniera de los labios de Chittaphon—. Yoonoh llevó a Jaemin de regreso a su departamento —explicó después de un momento de silencio, y hasta entonces fue que Dongyoung recordó cómo había llegado y con quien—, se sintió mal, estaban aquí hace un momento, le pedí que lo llevara porque no te encontró —siguió hablando. Y Dongyoung quería que lo dejara de hacer mirándolo a los ojos como si nada hubiese pasado entre ellos—. ¿Ya quieres irte?

—Chittaphon —Dongyoung decidió interrumpirlo cuando se sentó en la cama y le levantó la mirada—, todo lo que te dije era verdadero.

Chittaphon se sintió congelado en su lugar, incapaz de mover siquiera un sólo músculo porque resultaría peligroso, no quería entrar de nuevo a ese dañino lugar, en el que se sentía incompetente y atrapado por culpa de Dongyoung.

—Dongyoung, ya hablamos de esto —Chittaphon bajó la vista y deseó que sus palabras fueran suficientes para terminar con esa conversación, para que Dongyoung sólo le pidiera regresar a su departamento y no tener que volver a hablar de eso nunca más.

𝐂𝐑𝐄𝐂𝐄𝐑┊𝗱𝗼𝘁𝗲𝗻.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora