Capítulo 13.

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La casa del doctor House es igual a como la imaginó y, al mismo tiempo, completamente diferente.

Es bonita, hay un piano de cola en el centro y un montón de muebles baratos, funcionales y sin color, que dicen que no está apegado al espacio. Aparte del piano, ningún objeto parece personal. No hay fotografías ni decoraciones que demuestren un gusto o nota de la persona que ahí vive. Hay un par de estatuillas de vidrio en un mueble, que alguien más debe haber puesto ahí, tal vez una madre, porque tampoco dan percepción de pertenencia. El perchero tiene otros dos abrigos iguales al que el doctor House lleva puesto ahora. Hay una bolsa de basura que, en su oportunidad, probablemente estuvo muy adolorido para bajar.

—¿Terminó de analizar mi personalidad a través de las cosas de mi casa, doctora Blair? —el doctor le pregunta casualmente, quitándose el abrigo y colgándolo en el perchero.

Blair se desenrrolla la bufanda y se quita el abrigo.

—Si, ya terminé —responde fácilmente. No tiene ningún sentido negarlo.

Wilson entra detrás de ellos con las bolsas de comida. Se decidieron por comida china para esta improvisada cena de víspera de navidad.

—Vamos, mis invitados —House señala los sillones—, siéntense en mi humilde morada, y comiencen los juegos romanos.

Blair sonríe de lado ante la analogía, contenta con el desafío. Wilson, por otra lado, tiene una mirada reprobatoria en el rostro mientras deja las bolsas de comida sobre la mesa y cuelga su abrigo en el perchero junto a los de ellos.

—No vamos a jugar a sacarnos los ojos, House, vinimos a comer —advierte, y luego agrega, porque conoce bien a su amigo:—Y nada de interrogatorios.

—Le quitas lo divertido a la vida, Wilson, con razón tu esposa no quiere cenar contigo.

—Auch —Blair chasquea la lengua—. Ese fue bueno.

House se inclina hacia ella y finge que murmura, pero habla lo suficientemente algo como para que Wilson escuche.

—Haré los interrogatorios de todos modos, rubia —afirma en susurros

—Puedes disparar, pero te advierto que tengo buena puntería —ella le sigue el juego con la cabeza erguida y expresión altiva.

—Ay dios. —Wilson se queja—. Debí escoger la cena incómoda en casa —pero se sienta en uno de los sillones y toma una caja para comer de todos modos.

Blair y House lo imitan, tomando sus propias cajas de comida y palillos chinos.

En algún momento, el doctor House puso la radio, por lo que ahora suena a un volumen bajo y agradable la canción My way de Frank Sinatra.

—Y dígame, Blair, ¿por qué elige pasar la noche de víspera de navidad con dos colegas en lugar de en cualquier otro lugar? Digo, Wilson está aquí para evitar sus problemas en el paraíso pero, ¿y usted?

—No me gusta la navidad, así que no me importa con quien la paso —Blair se encoge de hombros con facilidad.

—¿Y su familia que dice? —House intenta ahondar, conseguir nueva información para el expediente. Blair no se lo hará fácil.

—Digamos que nunca fuimos del tipo de familia que celebra navidades. Y respondiendo a la pregunta que está punto de hacer: No, no están muertos.

Blair | House M.DDonde viven las historias. Descúbrelo ahora