❝She changed everything❞
Katherine Blair es una doctora especialista en Oncología y enfermedades infecciosas que llega al hospital Princenton-Plainsboro para unirse al equipo de diagnóstico del famoso Dr. House.
Su trabajo es diagnosticar, aunque pu...
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—Ya dije que lo siento —insistió Wilson, medio indignado por el insulto que le había lanzado la mujer, pero al observarla bien se quedo sin habla. No solo porque era una mujer bastante atractiva, sino porque algo en ella se le hizo irreconociblemente familiar.
—¿Que miras? —preguntó la rubia, dándose cuenta de que la mirada del doctor la recorría descaradamente de pies a cabeza.
—N-nada, lo siento —contestó, algo nervioso. Hasta suvozsuenacompulsivamenteamable, pensó Blair, arrugando la nariz.
Los invadió el silencio, en el que Wilson decidió que la nueva era una especie de fuerza bastante extraña.
—Soy el doctor James Wilson —decidió presentarse para alivianar la tensión. Acto seguido, le extendió la mano a la rubia para saludar.
Blair miró su mano, parpadeando, y sonrió con condescendencia.
—Soy la Dra. Katherine Blair, la nueva integrante del equipo del Dr. House, y no te daré la mano —le dedicó una última mirada y luego, dándole la espalda, repitió:—Idiota —y se alejó.
Probablemente eso no sea lo que le dices a un jefe de departamento, pero ella nunca ha sido la persona más amable del mundo, incluso antes de ese... horrible recuerdo de su pasado. Definitivamente no iba a empezar ahora, no señor.
Wilson tragó saliva. Era una especie de ironía que esta mujer, de alguna forma parecida a su amigo, fuera a trabajar en su equipo precisamente. El de House.
Sin más que hacer recogió lo derramado y se dirigió a comprar un nuevo almuerzo.
—Unaccidente—le respondió a la cajera cuando ésta le preguntó porque volvía a comprar lo mismo que hace 5 minutos.
Katherine Blair... No sabía de donde, pero Wilson estaba seguro de que había visto esa cara en alguna en alguna parte.
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House entró en su oficina empujando la puerta bruscamente con su bastón. Adentro lo esperaba Blair. El doctor ladeo la cabeza con cierta curiosidad al ver a la rubia con una blusa distinta.
Ella notó que miraba extrañado su blusa y se limitó a encogerse de hombros en lo que respondía:—¿Qué? Me gusta cambiar.
El nefrólogo sonrió y apagó la pregunta en la punta de su lengua ante la respuesta anticipada. Ésta mujer le agradaba, sería muy divertido tenerla ahí.
—Está dentro —le informó. Le pareció extraño que ella sonriera como si supiera que eso era exactamente lo que iba a decir, pero lo dejó pasar—. La quiero el lunes a primera hora —luego, se dio la vuelta y salió. Había un par de cosas que quería hablar con Wilson.
—Será interesante... —susurró la rubia para sí mientras ligera sonrisa se dibujada en su rostro perfilado.
Miró a su alrededor y pensó en las palabras que un hombre del pasado, de una vida anterior, le dijo una vez: “Si encuentras un desafío lo bastante difícil, olvidas todo lo que te persigue. Al menos por un rato”
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House se dirigió cogeando a la oficina del jefe de oncología. Entró sin tocar, como siempre, y se echó en el sillón.
—¿Has sabido la buena nueva Wilson? —le preguntó al que era su mejor amigo.
—La nueva integrante de tu equipo, ¿verdad? —inquirió con suspicacia , recordando el encuentro con la mujer rubia en la cafetería, la Dra. Blair.
—Oh, ¡¿como lo supiste?! —preguntó con un tono falso de chica adolescente emocionada, colocándose las manos en las mejillas con la boca y formando una O—. Los chismes si que vuelan en este hospital.
—La conocí en la cafetería —respondió James, encogiendose de hombros y suspirando levemente.
"Ynolapuedoolvidar", quiso decirle pero se lo guardó.
—Es muy interesante —admitió House con una sonrisa que su amigo podía reconocer a kilómetros. Interés, ¿eh? Eso no se veía todos los días, a menos que fueras un paciente moribundo cuya causa de la enfermedad no se conoce.
—Se parece un poco a ti —admitió Wilson.
—Tal vez, pero soy único —asintió el nefrológo, moviendo las cejas—. Lo único que todavía me preguntó es porqué se cambió de blusa.
Lo que el nefrológo no sabía era que su amigo sabia la respuesta. Todo había sido gracias a su amado e infaltable té helado.
James río y negó con la cabeza para luego seguir con su trabajo en la computadora, que era bastante. Los expedientes no se revisan solos.
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Katherine atravesó las puertas de vidrio y salió del hospital universitario Princenton-Plainsboro, el cual ahora sería su nuevo lugar de trabajo. Era muy interesante, aunque le preocupaba la expresión del doctor Wilson al escuchar su nombre, ¿no sería que...? Imposible, él no podía saber...
—¡Blair! —escuchó que la llamaban por detrás y volteó automáticamente, interrumpiendo sus pensamientos.
Se trataba de su nuevo compañero de trabajo, el niño bonito. O bien, el Dr. Robert Chase.
—¿Que quiere, doctor Chase? —le preguntó, algo extrañada de ver a su compañero correr hacia ella.
—Solo Chase por favor, puedes tutearme —le pidió el rubio, mostrándole una hermosa y tierna sonrisa que derretiría a cualquiera. Pero con Blair no era tan fácil.
—Como quieras, Chase —asintió de brazos cruzados con una media sonrisa, haciendo énfasis en su nombre.
El rubio sonrió en señal de victoria.
—¿Que te dijo el doctor House? —preguntó entonces Robert, ansioso.
Blair cambió su expresión a una más seria.
—Qué me fuera... —respondió, haciendo que su compañero bajara la cabeza decepcionado.
—...Porque debo llegar el lunes a primera hora —finalizó la rubia soltando una pequeña risa y dando media vuelta para seguir su camino. No pudo evitar molestarlo, es del tipo cachorro y esos caen tan fácil.
Por detrás de ella el Dr. Chase hizo un gesto de “¡Sí!” en susurros, procurando no ser tan ruidoso como para que Blair lo escuchara.
La Dra. Katherine Blair era oficialmente una más del equipo más loco y eficiente de diagnóstico, el equipo del Dr. House.