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Jimin sintió un ligero frío golpear su rostro cuando las puertas fueron abiertas y su piel entró en contacto con el feroz viento del invierno

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Jimin sintió un ligero frío golpear su rostro cuando las puertas fueron abiertas y su piel entró en contacto con el feroz viento del invierno. Suspiró pesadamente mientras apretaba más la sombrilla negra que sostenía en sus manos.

Las gotas de agua caían velozmente sobre el piso, haciendo que el ambiente se llenara de un olor característico a tierra mojada, acompañado de pequeños charcos que se formaban en las aceras y carreteras.

El pequeño pálido a su lado no había dicho ni una sola palabra. Solo estaba parado debajo de la sombrilla que sostenía el elegante Jimin mientras miraba el suelo, atento a las gotas de agua que se unían a los charcos del piso.

Su auto estaba al otro lado de la calle y la cantidad de carros que pasaban por la avenida era impresionante.

Después del beso entre ambos, Yoongi había fingido que nada de eso había pasado. Se comportaba como siempre. No era algo que afectara directamente a Jimin; él también se había olvidado de esa noche y había seguido con su trabajo, aunque de alguna manera el rechazo lo había hecho sentir indignado.

Jimin echó un vistazo a su lado y se dispuso a observar a un desanimado Yoongi con las manos dentro de su abrigo. Desde que habían salido de la compañía estaba de esa manera.

Como guardaespaldas, no era bueno que se metiera en la vida personal de su VIP.

Pero el comportamiento del menor era preocupante. Había dejado de hacer bromas irónicas y de comportarse orgullosamente para convertirse en un perrito regañado y asustado.

Suspiró con pesadez. No debía meterse, sabía que no debía hacerlo, pero era simplemente imposible no sentir curiosidad.

Con su mano libre llevó la otra al rostro del menor con cuidado. Levantó su mentón con dos dedos para visualizar de una manera más clara qué clase de expresión tenía en el rostro.

Era un rostro pálido, con las mejillas y la punta de la nariz rosadas por el frío, pero una mejilla estaba más roja que la otra, incluso con una pequeña marca de un anillo.

Frunció el ceño.

Yoongi lo miró a los ojos, pero su mirada era tan apagada y deprimente que sintió algo fúnebre al verla.

—¿Es un golpe, joven Min? —preguntó con el ceño fruncido. No entendía cómo eso podía haber pasado. La única vez que dejó a Yoongi sin protección ese día había sido cuando el señor Min le pidió que se retirara de la oficina para hablar a solas con su hijo—. Responda, por favor.

Yoongi solo soltó el suave agarre sobre su mentón.

—Olvídalo, Jimin, no es nada —mencionó en un susurro mientras miraba la carretera esta vez—. Métete en tus propios asuntos. —Bajó la mirada hacia el pavimento.

—¿Quién lo golpeó? —preguntó con una de sus cejas alzada.

Yoongi cubrió más su cuerpo con el abrigo y sacó su móvil para visualizar la hora.

Un Buen CEO ; JimsuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora