Una historia corta

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Pequeño, ¿qué pasará con mis crías? No quiero que las alejen de mi y las lleven a buscar jinetes, quiero estar con ellos cuando se abran

Saphira, ya hemos hablado de esto, sabes que es necesario que los huevos busquen jinete, cuando nacieron, no los tuviste con la intención de que fueran salvajes, ¿acaso prefieres que los pequeños no nazcan nunca?

No es eso -Respondio Saphira con un gruñido de tristeza -Es solo que me gustaría verlos nacer, ver como mis propios hijos salen del huevo y conocer a quien será su amigo o amiga de corazón para toda la vida

Te prometo que pensare en algo para que podamos ir a Alagaësia cuando entreguemos los proximos huevos, así podrás ver al nuevo jinete.

Eragon sintió que Saphira se relajaba mas y abrió los ojos, lo primero que vio fueron los rayos del sol entrando por la gigantesca ventana de su izquierda, vetana diseñada para que Saphira o Fírnen pudieran entrar y salir de la enorme habitación, giro siguiendo los rayos del sol y Arya lo estaba mirando fijamente a los ojos mientras sonreía con esa expresión de alegría absoluta que había adquirido desde que los gemelos habían sido concebidos, él le devolvió la sonrisa y puso su mano derecha sobre su mejilla sonrosada, mientras ella le hablaba.

-Fíner me hace la misma pregunta que Saphira te hace a ti cada mañana

-¿En serio? Entonces viene de pareja -Eragon sonrio aun mas y luego movio su mano y la coloco bajando su almohada para que no obstruyera su contacto visual con Arya.

-Supongo que si -Dijo al tiempo que se reía tiernamente -¿Recuerdas cuando vine hace dos años a ver tu progreso construyendo la ciudad?

-Ni como olvidarlo, las pruebas vivientes están a tu lado.

Eragon recordó ese momento hacia dos años cuando Arya había desembarcado, él pensó que era la criatura más bella del mundo entero, y para el lo era, ellos estaban teniendo ya una relación a larga distancia, pero nada era mejor que verla en persona, habían pasado dos meses enteros coqueteando y Saphira a veces se burlaba de el, hasta que Eragon le recordaba a Fírnen.
La ultima noche que Arya estuvo en la ciudad habían bebido un montón de faelnirv y habían dormido juntos. Cuando Eragon despertó se encontraba solo y Arya ya se había ido, después de eso le mando muchas cartas, incluso algunas disculpándose, pero no había caso, ella no respondio ninguna, el pensó que se había molestado por lo que había pasado, ya que para un elfo esa era la máxima prueba de amor, y para el también. Cuantisimo le había sorprendido que nueve meses más tarde Arya había vuelto, pero esta vez con una enorme protuberancia en el vientre, que delataban su embarazo casi terminado, Eragon no dudo ni un segundo en que era suyo, aunque no sabia que eran dos en ese tiempo. Ella le contó que cuando se había dado cuenta había renunciado a su trono, ya que no quería que nada la distrajera de cuidar a su bebé, y no había podido responder sus cartas porque la elección de un nuevo rey o reina había sido muy complicada, el la abrazo suavemente y pasó con ella su otro mes de gestación (Los elfos duran 10 meses) de ahí nacieron los mellizos y se casaron.
A ambos les encantaba hablar de eso, y aunque habían pasado por muchas dudas, como, si de verdad eran de el, las habian superado cuando nacieron los niños, parecidos tanto a Arya como a él, todos se callaron y recibieron a los niños con todo el cariño posible.

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