Capitulo XI

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Diagnóstico

Habían pasado dos largos meses desde que salí de vacaciones del colegio,
y cerca de un mes desde que mi tobillo mejoró gracias a los ejercicios que me recomendó Orochimaru...
mi rutina diaria consistía en despertar temprano y realizar las labores de limpieza en mi solitaria casa, después preparaba mi comida y el resto del día vagaba por el parque cerca de casa o leía un poco hasta que llegara la hora de irme a descansar, muy divertido ¿verdad?

Mamá como siempre trabajando durante todo el día, cuando le tocaba descansar se marchaba apenas salía el sol y regresaba ya entrada la noche por lo general ebria, ya me había acostumbrado a esa situación y es que con ella ya sabia que unos días era la mejor madre del mundo esa que se preocupaba por mi, por mi alimentación, mi bienestar y días después se le olvidaba que tenía un hijo.
Esa situación ya no me dolía, era tanto el abandono en el que me encontraba que los días que ella quería entablar alguna conversación la cortaba de inmediato con cualquier pretexto, ya no me quejaba por su falta de atención y sinceramente no me importaba, ya no me afectaba tanto la soledad (o eso creía).

Faltaban solo cuatro semanas para que regresará a clases y eso me alegraba, porque desde que Iruka se fue de aquí nadie más a entrado a casa, al menos ahí estaría acompañado y es que aunque la soledad era mi fiel compañera había ocasiones que necesitaba alguien a mi lado para contarle como me sentía o al menos tener a alguien de confianza para preguntarle algunas cosas que no entendía.

Se preguntarán que cosas ¿No? Ya les contaré...

Días después de que Orochimaru me diera de alta noté que estaba bajando de peso, la ropa me quedaba floja y lo asocie a que debido a mi lesión no me había alimentado bien, pero no le di importancia a eso puesto que cuando mejorará y volviera a mi rutina de actividades y las horas de comida a tiempo recuperaría los kilos perdidos, pero no fue así...

Pasaban los días y mi cuerpo comenzó a cambiar, mi cintura comenzó a reducirse y que decir de las caderas estas se ensancharon, dándome unas... como decirles, talvez ¿curvas?, curvas que era obvio yo no debía tener ¡joder! no era una chica para tener esa forma ¡ah! y que decir de mis facciones mi rostro estaba también más delgado, parecía que me había operado las mejillas porque estas habían perdido su redondes, tenía un perfil afilado dando un aspecto aun más femenino del que ya tenía... menos mal que nadie que me conociera había visto mi raro cambio.
¡Ah! y su eso no era lo único que me preocupaba, también estaban esos malditos dolores que me venían cada mes y duraban aproximadamente 4 días, como no hablaba con mi madre, busque en Internet los síntomas y que podría ser su causante, me rendí al segundo intento
porque los resultados que me daban las páginas eran tan absurdas, bueno no si yo fuese una chica, según esas páginas que consulte los cambios y síntomas eran claros a los del ciclo de menstruación... si esos cuando "la niña se convierte en mujer y su cuerpo se adapta para poder dar vida" que te explican en el colegio.
Tremenda estupidez tratándose de un chico como yo.

Otro problema que tenía era la dependencia que estaba teniendo a las pastillas esas que me vendía Kabuto, en un principio las usaba solo los días que tenia los dolores en el estómago y también para aminorar las molestias por los golpes que recibía en las clases de Pain, pero a veces hasta las usaba para "aliviar mi soledad" porque me daban mucha energía la cual usaba para hacer ejercicio y las labores de limpieza de la casa.

En fin tenia muchas dudas y ninguna respuesta por lo que trate de seguir con mis rutinas de ejercicios como cada día desde hace meses, una repentina punzada en el estómago hizo doblarme de dolor, fue tanta la molestia que grite fuertemente, escuché pasos correr hacia el pasillo donde me encontraba - ¿Deidara que ocurre? - pregunto mi madre al llegar a mi lado.

Nueva Vida - Deidara - Donde viven las historias. Descúbrelo ahora